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Preocupante caída de satisfacción con forma como funciona democracia

Preocupante caída de satisfacción con forma como funciona democracia

La satisfacción de los colombianos con la forma en que la democracia funciona en nuestro país cayó a su nivel más bajo en los últimos 17 años: apenas dos de cada diez ciudadanos aprueban la manera en que hoy está operando.

Así lo demuestra el más reciente informe del Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes: ‘Colombia 2020, un país en medio de la pandemia’.

En el estudio, para el cual se hicieron 3.200 entrevistas, se preguntó: “En general, ¿usted diría que está muy satisfecho, satisfecho, insatisfecho o muy insatisfecho con la forma en que la democracia funciona en Colombia”. La respuesta a este interrogante indicó que el porcentaje de “satisfacción con la democracia” está en 18,2 por ciento.

Lo que más preocupa a los analistas es que la cifra viene cayendo en picada en las últimas mediciones. Informes de este centro de investigación revelan que en 2012 el apoyo a la manera como opera la democracia era del 55,4 por ciento, porcentaje que ha venido bajando.

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“Eso de alguna forma muestra un sentimiento antisistema político muy grande en Colombia que podría ser aprovechado por líderes antipolíticos que agraven la situación”, explicó Juan Carlos Rodríguez Raga, codirector del Observatorio.Para el rector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, “hay una tensión entre realidades y percepciones”

Hay corrupción del Estado, hay destrucción de los propios partidos políticos y actores políticos que se destruyen los unos a los otros, utilizando la destrucción de la confianza política en el otro

“Creo que algo pasó en Colombia a mediados de la década pasada, por allá en 2012 y 2013, que tiene que ver con el paro agrario, que fue el primer gran estallido social de esta época; tiene que ver, también, con el rompimiento de las élites colombianas, que exacerba el conflicto entre los expresidentes Santos y Uribe, y tiene que ver con el advenimiento de las redes sociales en el debate político”, explicó Gaviria.

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En esta reflexión coincide el sociólogo, y profesor español Manuel Castells, quien, en entrevista publicada en explicó que este es un fenómeno global, relacionado con la “destrucción de los actores políticos”.

“Hay corrupción del Estado, hay destrucción de los propios partidos políticos y actores políticos que se destruyen los unos a los otros, utilizando la destrucción de la confianza política en el otro”, dijo Castells.

Desconfianza

Justamente, el estudio muestra que también se registran niveles bajos de confianza en tres ramas del poder: el Presidente, el sistema de justicia y el Congreso.

Más allá de las causas de este fenómeno, lo que más ha generado inquietud son las posibles consecuencias que esto podría tener.

Estas respuestas son, sin duda, un campo fértil para las propuestas populistas en época de elecciones, afirmó Rodríguez Raga.

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“A través de la democracia, en muchos países están asumiendo líderes que están contra la democracia. El caso más importante es Brasil: Bolsonaro es defensor de la dictadura militar y la restricción de derechos”, señaló por su parte Castells.

Otra de las consecuencias, según explicó el politólogo de la Universidad Nacional Rodrigo Sánchez, es que esta desconfianza en las instituciones exacerba los conflictos sociales y lleva a los ciudadanos a la calle con exigencias que son “muchas veces difusas”.

Eso de alguna forma muestra un sentimiento antisistema político muy grande en Colombia que podría ser aprovechado por líderes antipolíticos que agraven la situación

“Cuando la gente no encuentra respuesta en las instituciones a sus exigencias sociales, no aguanta más o tiene problemas con las condiciones de vida, entonces se va a la calle, con el agravante de que las exigencias se deben hacer a instituciones en las que los ciudadanos no confían”, expresó Sánchez.

Otro de los aspectos que analiza el estudio está relacionado con algunas actitudes hacia los venezolanos. Según el informe, tres de cada cuatro colombianos creen que la llegada de migrantes de ese país impacta negativamente la economía nacional, y un 68 por ciento no duda en afirmar que la inseguridad se incrementó por su presencia. Además, más de un 70 por ciento asegura que la cultura colombiana se debilita con la llegada de esta población.

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No obstante, algunas respuestas muestran actitudes más positivas: un 55 por ciento afirmó que no le molestaría tener de vecino a una persona venezolana, y un 31,7 por ciento se mostró algo de acuerdo en que se les ofrezcan ayudas.

El análisis explica también que esas opiniones hacia los migrantes del vecino país no son tan espontáneas, sino que se relacionan con discursos de las élites y algunos medios que refuerzan estos estereotipos.

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