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El dramático relato de la cocinera de Maradona sobre sus últimas horas

El dramático relato de la cocinera de Maradona sobre sus últimas horas

pasó sus últimos días en la casa que alquiló en el barrio cerrado San Andrés, en el partido de Tigre. Los momentos previos a su muerte siguen ofreciendo incógnitas, aunque este viernes una empleada que trabajaba en la vivienda contó cómo fueron las últimas horas del ídolo deportivo. Se trata de Romina Milagros Rodríguez, apodada “Monona” por el Diez: la mujer tuvo una charla en exclusiva con Rodrigo Lussich en la que desmintió algunas versiones oficiales.

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Lo que se pudo ver en Intrusos fue apenas un adelanto de lo que saldrá en El show de los escandalones, el domingo por América. La mujer, que conocía la intimidad de Maradona en Tigre, reveló algunos detalles sobre el delicado estado de salud que atravesaba el futbolista.

“Lo último que hablé con él fue a la noche”, le dijo “Monona” a Lussich. “Fui y me dijo que no quería comer, entonces le dije que al menos le hacía un sándwich y un té. Dicen que no comió, pero es mentira, comió un sándwich porque yo los contaba para ver si comía o no. Había cinco, así que uno se lo comió Diego, es mentira que no comió”, afirmó la cocinera.

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Rodríguez también presenció el momento en que se le realizaron tareas de reanimación a Diego. “Ese día fue mucha locura. Yo cuando lo vi a él, ya estaba fallecido. Me acuerdo del conteo, que no quiero ni acordarme. Decían ‘1, 2, 3, vamos’. Contaba la enfermera cuando le hacía RCP”, relató.

Más detalles

Según Monona, la rutina de Diego arrancaba a las 8 de la mañana, cuando se levantaba. “Desayunaba un cafecito con tostada con queso de untar y mermelada de arándanos. El mate le gustaba para compartir. Siempre quería sopa, de verdurita, con pollo. Era sencillo, iba de un extremo al otro, por ahí me pedía de comer osobuco y otro día rana. Y el pescado le encantaba. Le gustaba bailar y escuchaba todos los días a Rodrigo Tapari. Tenía sus momentos de bajón, de tristeza”.

Sobre la relación con las hijas, señaló: “Ellas estuvieron siempre. Gianinna, cuando la llamaba, estaba. Con Jana era otro vínculo, no era lo mismo que con las otras. Era paternal pero no tan pegado como con los otros chicos. Eran todos iguales pero era distinto. Dalma también, pero se hablaba mucho por teléfono. Todos los hijos estuvieron presentes”.

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Con respecto a Rocío Oliva, Monona señaló: “No fue más a la casa. Terminaron bien. Después empezó a ir más Verónica con Dieguito, lo adoraba. Entraba el nene y le cambiaba el humor automáticamente. A lo último se llevaba re bien, un lazo hermoso tuvo con su hijo. Jugaban, iban al patio”.

Monona aseguró que Matías Morla era muy amigo de Diego y que “posiblemente se despidió a su manera. Yo pude ir a despedirlo, porque las hijas me mandaron un auto. Me quedé unos días más en la casa, para cuidarla”. Reveló que no la indemnizaron y que no va a hacer reclamos: “Porque me quedo con lo que conocí de Diego, que me enseñó mucho. Un tipo bueno, sabio, humilde. Las hermanas son divinas. Tiene una familia grande y hermosa, lástima que no se lleven bien entre ellos. El sueño de Diego era juntar a toda su familia en una mesa. Podrían haberle dado el gusto y caretearla”.

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Quiénes estaban cerca de Maradona

De los amigos de Diego, Monona comentó: “Los viejos compañeros que se hacen los grandes amigos jamás los vi, los que si estaban eran los de Gimnasia de La Plata, sus jugadores. Los del Mundial de México sí, pero los demás, puro bla bla. Eso me indigna, todos decían ‘soy amigo de Diego’. Muchos hablan pero nadie estuvo. Se hacen los amigos, llorando en el velatorio, todo mentira. Diego sabía si le robaban. Sabía todo pero se hacía el boludo. Sabía absolutamente todo. Me decía ‘los dejo correr hasta donde yo quiero, después les corto las piernas’. Se daba cuenta si le faltaba un reloj, se daba cuenta de todo”.

Monona contó que Diego le hacía caso a su médico, Leopoldo Luque, y que no quería ver a otros médicos. El último día le quedó grabado en la memoria: “No se despertaba, yo estaba como loca. Lo retaba, le decía ‘vamos Diego’. Les decía a los médicos que siguieran intentando, que él no se iba a dejar morir. Nadie podía creerlo. Fue re duro. Estábamos todos tratando de revivirlo. Estaba la enfermera con el de seguridad pero es mentira que la psiquiatra le hacía el RCP, porque no sabía ni cómo se hacía. Me decían a mí que le hiciera respiración boca a boca, y no podía. Era una locura, ese conteo quedó en mi cabeza por días. En el medio vino un médico vecino y nos dijo que siguiéramos haciendo eso. Estábamos todos afuera y salió una médica y dijo ‘ya está’. Para mí él dijo ‘basta de todo’. Diego hacía milagros, era un marciano. Podría estar vivo. Para mí que estaba cansado. Gianinna llegó cuando estaban las ambulancias. Yo no sabía si ir a calmarla o dejarla sola. Después llegaron todos, todo el mundo. Claudia, Verónica, Gianinna, Dalma, todos”.

LA NACION
GDA