Cultura

Los héroes también se visten de azul Inpec

Los héroes también se visten de azul Inpec

El año pasado, en los días de mayor zozobra en Colombia por el covid-19, unas 149 personas privadas de la libertad de la cárcel de Villavicencio, así como un buen número de  otros establecimientos del país se infectaron. Igual les sucedió a muchos guardianes del Inpec que los custodian.

"Por esos días, un guardián de la cárcel de la capital del Meta, Andrés Basilio Pérez, lanzó un mensaje por redes pidiendo donaciones de panela, limón y también de hierbas para hacer bebidas calientes e intentar sobrellevar los fuertes síntomas”, cuenta Elkin Coronell, productor, camarógrafo y realizador del documental Héroes vestidos de azul, que desde esta semana se verá por Amazon Prime Video.

Con el pedido del guardián Pérez, y tras varios motines en distintos centros reclusorios, las personas privadas de la libertad empiezan a darse cuenta de que los guardianes del Inpec no eran sus enemigos, “pues veían cómo ellos mismos arriesgaban sus vidas por ayudarlos. Fue entonces cuando empezaron a apoyarse”, cuenta Coronell.

Entre las hierbas que llegaron a las cárceles hubo una donación de moringa, planta tropical a la que se le atribuye la curación de varios males. “Edwin Yesid Carreño, quien había donado grandes cantidades de moringa a los establecimientos penitenciarios del país, me propuso escribir una novela con lo que estaba sucediendo en los centros penitenciarios y al final quedamos en hacer un documental”.

Era, por supuesto, un trabajo en que había que hablar, entre otros, de un hecho que no tiene un aval por parte de la ciencia, pero aun así a Coronell lo apoyaron varias personas, entre ellos “Humberto Huertas, editor y uno de mis grandes maestros; Darío Torres, camarógrafo, mi profesor de universidad; Juan Carlos Guardela como guionista, Luis Adolfo Tanco, sonido; mi amiga Juanella Villalobos, Armando Carrillo, productor general, y Jahrdanny Buenaventura, piloto de dron”, agrega.

El documental va narrando la rivalidad entre las personas privadas de la libertad y los guardianes, “como algo evidente y hasta entendible. Sin embargo, esta se acentuó de una manera explosiva al comenzar la pandemia, lo que llevó a motines con saldos trágicos. Los guardianes expresan todo esto y dicen entender el desespero de los internos al sentir la muerte cerca y, peor, pensar que podían morir lejos de su gente”.
El trabajo se hizo en diez cárceles del país, incluida la de Villavicencio, a las que Carreño había donado 16 toneladas de moringa.

Hasta esos lugares llegó con su equipo para hablar con guardianes y penados, y “mostrar cómo entre todos prendían el fogón para hacer las bebidas calientes (con panela y jengibre, entre otros) y al final agregarle el VM 100, moringa líquida, que llegaba desde Acacías".

El trabajo recorre ese cambio de relación. Las gigantes ollas para preparar la bebida se convirtieron en lugar de encuentro para una toma natural de la que se han escrito artículos.

El objetivo era salvar la vida de todos: de guardianes y penados, y de entender que en esos lugares es necesaria la colaboración para salir adelante”, agrega.

“La recuperación era evidente, al punto que muchos médicos de las cárceles no entendían lo que pasaba ni cómo los pacientes diagnosticados con covid-19 se recuperaban de una manera tan rápida, y les preguntaban a los guardianes qué les estaban dando. La respuesta era la misma en todas las ciudades: moringa. Y solo atinaban a decir, ‘bueno, pues a seguirles dando’”.

Los testimonios de guardianes, familiares de internos y algunos privados de la libertad “son apasionantes y con mucho sentimiento”.


Mientras la ciencia avala la moringa para paliar el covid-19 en un país con más de 58.000 fallecidos, esta planta, originaria de la India, logró unir a dos grupos que han estado distantes.