Vida

¡Quiero ser como el agua cuando sea grande! / De tu lado con Alex

¡Quiero ser como el agua cuando sea grande! / De tu lado con Alex

Que levante la mano a quien en su infancia no le preguntaron alguna vez: ‘¿y qué quieres ser cuando grande?’. Una pregunta un poco absurda para hacerle a un niño de 4 años o de 10… ¡Incluso a un adolescente de 15 años!

En mi época, la mayoría de niños contestaban que querían ser policías o bomberos y las niñas soñaban con ser azafatas o actrices de cine. Me imagino que esto se debía a que esas profesiones eran lo más parecido a lo exótico, arriesgado y desafiante.

Desde que tuve uso de razón dije que quería ser pediatra. A los 16 años de edad cambié de opinión: mi hermana acababa de nacer y quedé petrificada cuando le pusieron su primera vacuna; apenas oí semejante alarido me angustié tanto por su dolor, que hasta ahí llegó mi sueño de ser médica. Pensándolo bien, no debió estar muy arraigada mi pasión porque se desintegró en cinco minutos.

Si me preguntan hoy en día de mujer adulta (bastante adulta), diría que no añoro ninguna profesión y que tampoco quisiera convertirme en cualquier otra persona. Pero sí tengo clarísimo que quiero ser como el agua. ¿Qué, qué? Sí, quiero ser como el agua cuando sea ‘grande’.

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El agua nunca deja de ser agua, sin importar el recipiente en que se vierta, la magnitud de su volumen o la velocidad con que se mueva. Se acomoda sin ningún esfuerzo a cualquier entorno y, sin embargo, jamás pierde su propiedad. No tiene ningún problema en fluir por encima, por debajo o por los lados de cualquier obstáculo sin detenerse a contemplar si es lo correcto o no. Puede ser tan tranquila y sutil, como cuando está en un lago, o puede tener una fuerza violenta cuando forma un tsunami.

Les da la bienvenida a todos sin discriminar: humanos, animales o barcos. No tiene ningún problema en fluir hacia abajo, no se siente menos o más por estar en un hermoso océano azul o estancada en un sanitario. Lo único que conoce y en lo único en que se concentra es en fluir y fluir, incluso cuando la ensucian echándole basura o derramándole aceite.

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El agua no intimida porque haga o deje de hacer, lo hace con su presencia absoluta; así como puede ahogar a una persona entre sus olas majestuosas, también lo puede hacer en un par de centímetros. Evidentemente no seré agua en esta vida, pero haré lo posible por replicar sus enseñanzas en mi vida.

ALEXANDRA PUMAREJO 
@Detuladoconalex
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