Vida

Principio esencial: si quiere algo, ¡pídalo!

Principio esencial: si quiere algo, ¡pídalo!

De la calidad de nuestros diálogos depende en buena parte la calidad de nuestra vida”, afirma Oren Jay Sofer, experto en 'mindfulness' y comunicación no violenta, y agrega que cada conversación “pone en juego expectativas, pensamientos, experiencias, necesidades y hábitos propios y ajenos, que pueden boicotear el acto comunicativo”.

Sofer, graduado y colaborador del Bay Area Nonviolent Communication (BayNVC), un centro de entrenamiento especializado en promover la comunicación no violenta, considera que debemos ser conscientes de nuestros sentimientos y pensamientos para poder tener conversaciones calmadas, cercanas y sinceras.

Una parte importante de nuestras conversaciones consiste en “pedir aquello que queremos, algo que a menudo se ve impedido por nuestros propios condicionamientos mentales”, según Sofer.

‘No quiero ser una molestia, prefiero no ser una carga’. ‘Puedo arreglármelas, no pasa nada’. ‘No es para tanto’. ‘No quiero que se sientan obligados’. Son algunas de las frases a las que recurrimos habitualmente para evitar pedir algo a alguien.

El autor del libro 'Di lo que quieres decir' señala que “en una conversación, las peticiones hacen avanzar las cosas al favorecer el entendimiento y proponer soluciones que puedan ser válidas para todos. Además, nos ayudan a centrarnos en lo que importa”.

Pedir ayuda es reconocer nuestra interdependencia

Sin embargo, según el entrenador, a veces parece más fácil cargar con los problemas y arreglárselas solo que intentar pedir ayuda. “Nuestras intenciones pueden ser sinceras, porque no queremos que los demás se sientan obligados. Respetamos su autonomía, su tiempo y sus energías y queremos que se sientan libres de decirnos que no”, dice el especialista.

No obstante, estas intenciones, como dice Sofer, no son obstáculos para hacer peticiones, sino que, al contrario, nos permiten hacer peticiones verdaderamente efectivas que fomenten la colaboración.

“Hacer una petición consiste en encontrar un modo de suplir una necesidad. Pedir ayuda es reconocer nuestra interdependencia. Y puede que hayamos tenido experiencias que nos hayan llevado a pensar que pedir lo que necesitamos es peligroso, humillante o inútil. O quizá hayamos aprendido que la ayuda de los demás siempre lleva intenciones ocultas o ataduras”, añade.

Asimismo, la creencia en mitos culturales como la idealización de la autosuficiencia o la individualidad puede limitar aún más nuestra capacidad de buscar apoyo en las otras personas.

Para Sofer, quien practica la meditación budista, “dar, recibir y compartir es uno de los impulsos más bellos, elementales y naturales del ser humano. Ayudarnos los unos a los otros produce alegría, placer y agrado, perceptibles en algo tan sencillo como sujetar la puerta para que pase otra persona o dar ayuda a un amigo que la necesita”.

La necesidad se convierte en una invitación a experimentar el gozo de dar y recibir

“En lugar de ser una carga, las necesidades pueden ser un don. Cuando no implica exceder los límites del tiempo y las energías del otro, la necesidad se convierte en una invitación a experimentar el gozo de dar y recibir”, sostiene Sofer.

Por ello, el experto propone unos sencillos ejercicios psicológicos y claves para hacer peticiones que fomenten la colaboración con los demás, teniendo en cuenta sus necesidades.

Piense en dar y recibir

Recuerde un momento concreto en el que ayudó a alguien por voluntad propia, piense en cómo se sintió cuando lo hizo. A continuación, recuerde un momento en el que alguien lo ayudó a usted y sintió que esa persona lo hizo por voluntad y no por obligación. ¿Cómo se sintió? Tras comprender lo que se siente al dar y al recibir libremente, ¿qué le impide pedir ayuda cuando la necesita?

Un secreto sencillo

Sofer recalca un principio esencial que le transmitieron cuando tenía 20 años: “Si quieres algo, pídelo”. Cuando no somos claros al decir lo que pensamos o queremos, “la otra persona tendrá que adivinarlo o responder como le plazca, corriendo el riesgo de que se interprete erróneamente lo que queríamos expresar”, reflexiona el experto.

“Terminar un enunciado con una petición permite que los demás sepan de inmediato cómo pueden ayudarnos y nos permite ser más creativos para conseguir que la petición surta efecto”, añade.

Cuando somos incapaces de tener en cuenta las necesidades de los demás, hacemos exigencias

Pedir no es exigir

El experto en comunicación no violenta resalta la importancia de diferenciar una petición de una exigencia. “Cuando somos incapaces de tener en cuenta las necesidades de los demás, hacemos exigencias. Esto sucede debido a nuestra incapacidad para respetar la autonomía, el tiempo, las energías y la libertad de decisión de la otra persona”, dice.

Tres claves para pedir

Para Sofer, las peticiones son estrategias que sirven para calibrar la disposición del otro a ayudarnos o a aceptar nuestras ideas. Para que esto pase, conviene que las peticiones sean positivas, específicas y flexibles.

Para hacer una petición positiva es necesario identificar nuestras necesidades y decir claramente lo que queremos, para que sea específica debemos enunciar las acciones concretas que esperamos de la otra persona, y para que una petición sea flexible, esta debe abrir el diálogo a las ideas y necesidades propias y ajenas, con el fin de satisfacer todas las necesidades que entran en juego, sin hacer exigencias.

“Hacer una petición puede ser arduo, pero las anteriores claves permiten desarrollar las habilidades para conseguirlo”, concluye el experto en 'mindfulness'.

MARÍA JESÚS RIBAS
EFE Reportajes