Vida

Opinión: Revisemos lo que arrastramos en la maleta de la vida

Opinión: Revisemos lo que arrastramos en la maleta de la vida

Antes de embarcarnos en cualquier viaje hay que hacer maleta. Empacamos teniendo en cuenta el clima, las actividades que vamos a hacer y el ‘tono’ de lo que, creemos, vamos a vivir. Si ustedes son como yo, seguro empacan más de la cuenta y lo han lamentado cada vez que cargan una maleta enorme y pesada por aeropuertos y hoteles.

Cuando yo me quedo sin aliento paseando una maleta llena de objetos que resultaron inoficiosos, prometo que la próxima será diferente. Y llegada esa próxima vez, se me olvida la lección y vuelvo y cometo el mismo error. Creo que así mismo, en nuestra vida, no somos conscientes de la maleta pesada y llena de cosas innecesarias que arrastramos. A lo largo de los años la llenamos hasta que se torna pesadísima e inmanejable.

Y tal vez pasarle el bulto a un tercero ayude por un tiempo corto, pero la pesada maleta tarde que temprano volverá a su dueño.

Embutimos en ella rabias del pasado, rencores por daños que nos han causado, miedos que nos inculcaron desde niños, máscaras que nos ponemos una encima de otra. La sobrecargamos de culpas, remordimientos y ansiedad por el futuro. Y estamos tan acostumbrados a cargar con ella que ni nos damos cuenta del sobrepeso. Algunos se cansan tanto de cargar su maleta que se la tratan de ‘enchutar’ a su pareja, amigos, hijos o a extraños por redes sociales. Creen que trasladando sus rabias, miedos y rencores aliviarán la carga agobiante que llevan. Y tal vez pasarle el bulto a un tercero ayude por un tiempo corto, pero la pesada maleta tarde que temprano volverá a su dueño.

Hay gente amorosa que cuando nos ve encartados intenta ayudarnos. Y aunque al principio es un alivio, en el futuro tendremos que retomar lo que nos pertenece. La maleta es nuestra y de nadie más.

Hagamos un análisis sobre qué sobra y qué nos sobrecarga, impidiendo que volemos sin necesidad de coger un avión.

Hay que percatarnos de que cuando caminamos y jalamos ese ‘peso muerto’, nos imposibilita abrazar a nuestros seres queridos con los dos brazos abiertos, nos dificulta correr livianos por la vida y andamos siempre cansados.

Aprovechemos el fin de año para hacerle una revisión a lo que estamos arrastrando en nuestra maleta. Hagamos un análisis sobre qué sobra y qué nos sobrecarga, impidiendo que volemos sin necesidad de coger un avión.

ALEXANDRA PUMAREJO