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Neutralidad de carbono en Colombia: un camino intrincado

Neutralidad de carbono en Colombia: un camino intrincado

El próximo 12 de diciembre, el presidente Iván Duque presentará un compromiso ambicioso ante la cumbre climática mundial: "Colombia logrará reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 51 por ciento para el año 2030”, dijo durante el programa ‘Prevención y Acción’. Este plan se logrará con una “transición energética”, que incluirá movilidad limpia y la siembra de árboles en todo el país. En 2020, la meta es sembrar 180 millones de árboles.

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¿Qué tan factible es cumplir con esa meta? Colombia, según datos del Ideam de 2019, emite 237 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) anualmente, cifra que equivale al 0,47 por ciento a nivel mundial. Pese a ser un gas natural, contribuye al calentamiento global al acumularse en la atmósfera. Las actividades como la quema de combustibles fósiles generan niveles elevados de gases en la atmósfera e influyen en el aumento de la temperatura a nivel global.

Como otros países, Colombia trabaja en una estrategia de descarbonización a largo plazo. Durante la Cumbre de Acción Climática en 2019, 77 países y más de 100 ciudades se comprometieron a reducir las emisiones de GEI para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050. Pero en América Latina y el Caribe la economía depende de sectores que generan altas emisiones como la industria petrolera, las actividades agrícolas y la energía.

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¿El país alcanzará la meta?

De acuerdo con una investigación realizada por Ricardo Delgado, Thomas B. Wild, Ricardo Arguello, Leon Clarke —expertos de las universidades de los Andes, Ibagué y Maryland (Estados Unidos)—, el país tiene un promedio relativamente bajo de emisiones de carbono: 4,56 CO2 per cápita. La agricultura y otros usos de la tierra generan el 50 por ciento de emisiones. La energía, en la cual se incluye el transporte, representa el 39 por ciento. Por otro lado, el país registra bajos índices de emisiones en generación de electricidad.

Según el estudio, las políticas actuales que buscan disminuir las emisiones de CO2 son insuficientes para alcanzar la meta en 2050. Además, se deben tener en cuenta otras emisiones distintas al CO2 que también contribuyen con el cambio climático y que se generan, por ejemplo, en las actividades agropecuarias. Punto a revisar, ya que en un futuro aumentará la demanda de tierra para la agricultura.

Según Ricardo Delgado, Ph. D. en ingeniería de la Universidad de los Andes, la meta del Gobierno de sembrar 180 millones de árboles es importante en términos de restauración. Sin embargo, son necesarias otras acciones: “Los procesos agrícolas y ganaderos deben lograr importantes ganancias en eficiencia; la industria de hidrocarburos debe reducir de emisiones fugitivas, entre otros”.

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Para alcanzar la descarbonización es indispensable impulsar energías limpias como las generadas por fuentes renovables. Es necesario que se procuren las transformaciones que permitan reducir la huella de carbono de las actividades agropecuarias. La bioenergía, así como la energía solar, tiene potencial en Colombia.

Según Delgado, “en algunos casos se requieren grandes inversiones y existen múltiples barreras que podrían dificultar la implementación de esos cambios. Es posible que también se necesiten ajustes tributarios para incentivar la adopción de nuevas tecnologías”.

Frentes por trabajar

De acuerdo con los investigadores, el sector de transporte es de los que más genera emisiones de CO2. Se calcula que el transporte va a crecer el doble hasta 2050 y que por lo menos el 70 por ciento del transporte público funcionará con energías limpias. Según cálculos del estudio, para ese año el 64 por ciento de este sector en Colombia será impulsado por energía eléctrica, mientras que el restante será con base en combustibles fósiles, biocombustibles o gas.

Se debe tener en cuenta, agrega Delgado, que “el país debe alcanzar el pico de emisiones antes de 2030. Este reto no es menor si se tiene en cuenta que la economía colombiana debe seguir creciendo para mantener una senda de reducción de pobreza y de acceso a la energía”.

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Otro elemento a tener en cuenta es la deforestación. Expertos proyectan un incremento en las actividades agrícolas y una alta demanda de tierras, factores que pueden empeorar las cifras actuales. Es necesario mejorar las prácticas mientras se incentiva la reforestación.

En este sentido, la intensificación de la producción ganadera es clave para liberar áreas que puedan aumentar la producción de cultivos. Actualmente, la densidad de ganado es de aproximadamente 0,8 cabezas por hectárea. Si fuera de 2 cabezas por hectárea, se podrían liberar 12 millones de hectáreas para otros usos agrícolas.

El estudio señala que es esencial tener en cuenta la crisis climática para tomar medidas de adaptación e incentivar al sector privado a desarrollar programas que contribuyan a la disminución de emisiones de CO2. También es clave la preservación de ecosistemas vitales como el amazónico.

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La descarbonización, más que una obligación, es una oportunidad. Así lo explica Felipe Castro, director del Centro ODS para América Latina y el Caribe: “Son múltiples los retornos sociales y económicos que este proceso le trae a los países. Por ejemplo, los sistemas de transporte bajos en carbono son más eficientes reduciendo la contaminación del aire, la congestión e incluso los accidentes. La ampliación de energías renovables genera oportunidades de inversión y crecimiento económico”.

Sin embargo, Castro asegura que es necesario que el país se arriesgue a implementar transformaciones más profundas: “Si nos quedamos únicamente con anuncios, leyes y decretos, difícilmente el país podrá transitar hacia la carbono neutralidad y cumplir con la meta de disminución del 51 por ciento”.

SANTIAGO VALENZUELA

*Periodista del Centro ODS de la Universidad de los Andes.

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