Vida

Lecciones del covid-19: proteger y crear más bosques urbanos/ Opinión

Lecciones del covid-19: proteger y crear más bosques urbanos/ Opinión

Hace unas semanas salí por primera vez de mi casa. El motivo: el gobierno local les permitió a los ciudadanos ejercitarse dos horas al día en el espacio público. Al frente de donde vivo está uno de los parques metropolitanos más antiguos de Bogotá — el Parque de la Independencia, fundado en 1910—, y a diez minutos caminando está el Parque Nacional, de 65 hectáreas, atravesado por el río Arzobispo. Y para completar este paisaje debo decir que a unos 20 minutos está el bello parque lineal del Park Way.

En estos meses de confinamiento, visitar y disfrutar los parques de mi ciudad se ha convertido en una necesidad vital. Familiares, amigas y conocidos también me lo han dicho constantemente:

(Lea: Lideresas y médicos: indígenas que fallecieron por covid-19)

-“Encontré el parque de mi barrio gracias a la cuarentena”; “todo mi bienestar mental y espiritual viene de la montaña; “vivo cerca de los cerros y la cuarentena me acercó a esos senderos”; “caminar me hace sentir libre en un momento de no-libertad”; “me da la ilusión de un futuro”; “el parque es el punto de encuentro con mis vecinos”. Estas son tan solo algunas de las frases que he escuchado.

Sobre este valor de la naturaleza también se habla en la academia, y aunque los estudios al respecto son escasos, actualmente hay tres consensos basados en evidencia empírica: i) hay una relación entre contacto con la naturaleza y el aumento del bienestar psicológico, ii) existe una relación entre el contacto con la naturaleza y la reducción de factores de riesgo de algunas enfermedades mentales como ansiedad y depresión y iii) las oportunidades de contacto con la naturaleza se están reduciendo en cantidad y calidad para muchas personas globalmente (Bratman et al. 2019).

Los parques y espacios verdes proveen una serie de servicios ecosistémicos urbanos (SEU). La infiltración de aguas lluvia, la regulación de temperaturas extremas, la posibilidad de recrearse y la protección y mantenimiento de la biodiversidad urbana son ejemplos de estos SEU. Y los SEU, es importante decirlo, son claves para enfrentar la crisis climática.

(También: Santurbán y el proyecto minero que intenta llegar a Santander)

Las zonas verdes urbanas, además, proveen y soportan una nueva categoría de servicios ecosistémicos: los servicios psicológicos o de salud mental. Estos guardan una relación estrecha con los servicios culturales y espirituales de los ecosistemas y se definen como “los efectos positivos en la salud mental que se derivan de involucrarse con la naturaleza” (Bratman et al. 2019:2).

Para los niños, en particular, los parques y espacios verdes constituyen “un recurso comunitario para la resiliencia y para el manejo del estrés pediátrico” (Razani et al. 2019).

Sin embargo, involucrarse con la naturaleza y por ende acceder a esos servicios ecosistémicos psicológicos es un privilegio para muchos ciudadanos latinoamericanos.

Hay ciudades como Barranquilla (uno de los epicentros de la pandemia del covid-19 en Colombia) que, según el grupo de Epidemiología de la Universidad de los Andes, es una de las ciudades con menos metros cuadrados de espacios verdes por habitante: 0.95, cuando el recomendado por la OMS es entre 9 y 11 metros cuadrados.

Por otro lado está Curitiba, considerada por muchos como la ciudad sostenible de América Latina, con 65 metros cuadrados por habitante.

(Lea: Colombia encabeza listado mundial de ambientalistas asesinados)

Aunque la recomendación de la OMS brinda un punto de referencia, sabemos también que los espacios verdes no están equitativamente distribuidos en las ciudades y que muchas veces no son espacios seguros. Una de las metas del ODS# 11 a 2030 es precisamente “proporcionar acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles, en particular para las mujeres y los niños, las personas de edad y las personas con discapacidad”.

Saskia Sassen, socióloga reconocida mundialmente por sus estudios sobre ciudades globales, dijo recientemente que la pandemia nos ha hecho pensar en cambiar la forma “como queremos vivir y como nos imaginamos vivir”.

Pensando en nuevos futuros desde el confinamiento no puedo evitar soñar con ciudades que creen, expandan y promuevan bosques urbanos seguros e incluyentes (con más énfasis en barrios marginales) que contribuyan a nuestro bienestar físico y psicológico, afrontando la crisis climática que, en palabras de Joseph Stiglitz, Nicholas Stern y coautores, “es como la crisis del covid-19 pero en cámara lenta y mucho más grave”

Profesora de la Facultad de Administración y colaboradora del Centro ODS
Universidad de los Andes