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Las razones del fin del desfile de los 'ángeles' de Victoria's Secret

Las razones del fin del desfile de los 'ángeles' de Victoria's Secret

Es oficial: Victoria’s Secret dejará de emitir su desfile anual por televisión. Así lo ha confirmado la cadena CNBC y ‘The New York Times’, que tuvieron acceso a un documento interno de la empresa en el que los responsables anuncian la medida a sus empleados.

La firma de lencería le debe gran parte de su éxito a esta cita en la que cada año desfilan las ‘top models’ más despampanantes y solicitadas del momento, con sus medidas ‘perfectas’ y luciendo ropa interior minúscula. Gisele Bündchen; Adriana Lima; Laetitia Casta; Heidi Klum; Miranda Kerr; Claudia Schiffer; Helena Christensen y la recién llegada Kendall Jenner, la modelo mejor pagada del mundo en este momento, hacen parte del séquito de ‘ángeles’, como se las conoce, que ayudaron a engrandecer la popularidad del evento –y viceversa–.

En el comunicado, Lex Wexner, CEO de L Brands, compañía propietaria de la marca fundada en 1977, informó que la televisión ha dejado de ser “el canal más adecuado” para retransmitir el desfile. La intención ahora es buscar “un nuevo formato de ‘show’ ” que se adapte a los tiempos que corren. “La moda es un negocio de cambio. Debemos evolucionar para crecer. Con esto en mente, hemos decidido repensar el tradicional desfile de Victoria’s Secret. En 2019, y en los años siguientes, nos centraremos en el desarrollo de contenido emocionante y dinámico y en un nuevo tipo de evento, que se difundirá entre nuestros clientes en otras plataformas más acordes y que lleven a otro nivel la moda en la era digital global”, indica el documento, que no especifica si “repensar” el desfile equivale a cancelarlo.

Desde 1995, una de las citas más esperadas de la industria de la moda es el desfile de Victoria’s Secret, también un ícono de la cultura pop que, para muchos, 24 años después de su primera edición, ya no se ajusta a la mentalidad de sus potenciales clientas: las ‘millennials’, cada vez más conscientes de que su identidad no puede definirse por unos dictados de belleza restrictivos y estereotipados que solo representan a un porcentaje muy reducido de las mujeres. “La sociedad ha cambiado. Victoria’s Secret no”, indicaba Lauren Sherman en un artículo publicado el año pasado en el portal ‘The Business of Fashion’, del que es editora.

El declive que ha experimentado la marca desde 2016 es evidente. El último desfile, grabado en noviembre y emitido un mes después, tuvo una audiencia de 3,3 millones de personas en Estados Unidos, según ‘Times’, cuando el promedio en los años de bonanza –2013, por ejemplo– había sido de 10 millones. Y eso, a pesar de los intentos desesperados de los responsables de L Brands por subir el ‘rating’: el evento cambió de cadena, de CBS a ABC, mejor posicionada entre los estadounidenses. El público no secundó la medida y los datos fueron incluso peores que los de 2017, con una audiencia que no llegó a los cinco millones de espectadores, y los de 2016, con 6,6 millones.

Los números de comercialización de sus productos –lencería y cosméticos, mayoritariamente– también confirman el difícil momento de la firma. Después de una caída en las ventas del 2 por ciento en 2018 y de un 6 por ciento en todo 2017, de acuerdo con la revista 'Forbes', llegó el anuncio del cierre de decenas de tiendas físicas en todo el mundo y el abaratamiento del precio de su ropa interior, que alcanzó mínimos históricos en Estados Unidos, país en el que se posiciona como la principal marca de lencería, donde a finales de 2018 contaba con 1.200 establecimientos.

La moda es un negocio de cambio. Debemos evolucionar para crecer. Con esto en mente, hemos decidido repensar el tradicional desfile de Victoria’s Secret

Llamado al cambio

El empoderamiento femenino y la viralización en redes sociales de movimientos en contra de la cosificación de las mujeres y a favor de la inclusión de otro tipo de belleza han tenido mucho que ver en esta desvalorización de la firma.

El rechazo social fue unánime cuando en 2018, Ed Razek, responsable de 'marketing' de L Brands, declaró a ‘Vogue’ que no concebían la posibilidad de incluir modelos ‘plus size’ o transgénero en su desfile. “No creo que deberíamos. ¿Y por qué no? Porque el ‘show’ es fantástico. Son 42 minutos de entretenimiento, eso es lo que es”, dijo.

Días después, Razek tuvo que salir a retractarse en Twitter: “Muchas modelos transgéneros vienen a nuestros ‘castings’ y, como tantas otras modelos, no logran pasar las pruebas. Nunca ha sido una cuestión de género”, indicó. Meses después, Victoria’s Secret anunció la participación en el desfile de Barbara Palvin y Lorena Durán en la categoría ‘plus size’. Sin embargo, este gesto de ‘buena fe’ tampoco sirvió para que el público disminuyera el tono de las críticas hacia una firma cuya búsqueda por la diversidad se ha limitado, a grandes rasgos, a aceptar modelos de otras etnias (afrodescendientes y asiáticas).

Ese mismo año, Robyn Lawley, la primera modelo de talla grande en aparecer en la portada de ‘Sports Illustrated’ en 2015, llamó al boicot de la marca con la etiqueta #WeAreAllAngels (‘Somos todas ángeles’): “(Victoria’s Secret) lleva 30 años diciéndoles a las mujeres que solo hay una forma de entender la belleza. Es hora de que reconozcan el poder y la influencia de las mujeres de todas las edades, formas y etnias”, compartió en sus redes.

La popularidad en redes de los nuevos ‘ángeles’, como Gigi Hadid o Jenner, con 47,7 millones y 110 millones de seguidores en Instagram, respectivamente, contrasta con el desmoronamiento de Victoria’s Secret, cada vez más cuestionada por su visión reduccionista de la belleza femenina. ¿Es el principio del fin de una era? Solo el tiempo dirá si la firma escucha los reclamos de una sociedad que pide a gritos una revisión de los cánones de perfección femenina.

JULIA ALEGRE BARRIENTOS
Redacción Domingo