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La experiencia de comer con extraños

La experiencia de comer con extraños

Cada vez son más las personas que abren las puertas de sus hogares o que buscan locaciones amenas para organizar cenas clandestinas y otras actividades que acogen a desconocidos y que tienen en el centro de la mesa a la comida, la charla y las ganas de conocer nuevas personas.

Este es el caso de Felipe González y Carolina Ribón, la pareja de anfitriones dueños de Garden Flat, un restaurante clandestino que es, en realidad, su apartamento en Bogotá. Las personas que van allí solo tienen dos cosas en común: no se conocen y pagan por un brunch, almuerzo u otra actividad gastronómica.

Pero esta no es la única iniciativa. Como este, varios sitios están dándose a conocer a través de páginas como Houspoon, una plataforma fundada por Jaime Reyes que busca conectar a cocineros y comensales.

“Cuando estaba viviendo en San Francisco organicé un asado colombiano y lo convoqué a través de redes sociales. Al final tenía muchísima gente en mi casa y allí vi el poder de un sitio web que permitiera generar este tipo de encuentros”, cuenta.

Reyes reflexiona que “la tecnología nos desconectaba, pero ahora acercamos a las personas que les gusta cocinar con quienes disfrutan de la comida, y los sentamos en una mesa a que conversen. Esa es la idea de Houspoon”, y agrega que algunos de los objetivos de su proyecto son promover la gastronomía, proporcionar espacios diferentes a un restaurante regular y hacer que las personas se sientan como en casa.

Precisamente, una de las fortalezas de estos encuentros es la calidez del ambiente y la facilidad que hay para generar nuevas relaciones personales. Mariana Fulleda, una mujer de 34 años, dice que se siente muy cómoda en las cenas clandestinas a las que asiste hace un año.

“Muchos de mis amigos ya están casados o con hijos, y los planes cambian. Un día vi la página y me gusta usarla porque la comida siempre es rica, compite con restaurantes y la gente que va es muy interesante. Me encanta cocinar, entonces pregunto por tips de cocina y siempre son abiertos con el tema. Me gustan los restaurantes, pero siento que aquí se da un espacio más acogedor y cercano”.

Cenas clandestinas

Los anfitriones pueden acomodar las recetas a su estilo y concepto.

Además de la calidez, la sorpresa y la incertidumbre son también dos ingredientes principales, y eso sintió Angélica Márquez cuando Juan Camilo Suárez, su amigo, la invitó a un restaurante clandestino en Teusaquillo por sus cumpleaños.

“Todos estábamos igual de sorprendidos. Me gustó muchísimo y me volví aficionada. He conocido amigos y hasta hacemos parche para nuevas cenas. Queremos probarlas todas y hasta he pensado en ofrecer una en mi casa”, dice Márquez, quien cuenta que al final casi nadie usa el celular. “Terminamos hablando muy bueno”, concluye.

Me gustan los restaurantes, pero siento que aquí se da un espacio más acogedor y cercano

Pero Houspoon no es la única plataforma. Hay muchos proyectos que tienen su propio concepto y que se dan a conocer a través de WhatsApp, Instagram y páginas web. Este es el caso de 33 recetas, una iniciativa de Irene Maldonado inspirada hace cuatro años en el cine. “La dinámica es invitar a parches de amigos a cocinar una receta en lugares distintos. El sitio y lo que van a preparar son sorpresa”, cuenta.

La joven, que ha llegado a recibir hasta 150 personas en un día, dice que su propuesta es diferente: “siento que fui como una de las pioneras en armar un plan distinto a través de la cocina. Soy empírica, y recreo espacios acordes con escenas de películas”.

Cenas clandestinas

Varios de los anfitriones son empíricos y amantes de la buena cocina. Adaptan los lugares para que el comensal se sienta como en casa.

Una forma de compartir que se expande en el país

Bogotá no es el único escenario para estos eventos. En ciudades como Cartagena, Medellín, Buga y Pereira la escena se repite. En esta última, Encubiertos hace lo suyo. Este proyecto, que se inició en el 2017, se inspira en la locación y en los ingredientes de temporada.

“El principal objetivo es darle a la gente una experiencia diferente al restaurante con menú fijo y dar a conocer los productores locales”, dice Martín Valencia, el chef y creador.

Este restaurante pop-up (donde el espacio no es fijo sino que se convierte en temporal) también realiza dos cenas clandestinas al mes y siempre cambia de ubicación.

“Después de la reserva, enviamos las pistas con el código de vestuario y contraseña de entrada. El lugar se conoce seis horas antes del evento a través de un mapa y una ubicación. El cupo incluye un menú de 7 platos y un shot de bienvenida”, explica Valencia.

El principal objetivo es darle a la gente una experiencia diferente al restaurante con menú fijo

Si quiere participar

En el portal de Houspoon.com, que ya cuenta con 6.500 comensales y 900 anfitriones en Bogotá y Cartagena, las personas pueden encontrar los planes que están disponibles para la fecha, los cupos, el precio y el tipo (catas, preparación de cocteles, asados, fiestas e incluso clases de cocina).

Al seleccionar el plan hay más datos como el perfil del cocinero, las calificaciones y las reseñas, lo que, según Reyes, “genera más seguridad y confiabilidad a las personas”. Después de tener una cuenta ya creada en el sitio web y de pagar, la ubicación y la información restante llega al correo electrónico.

Cuánto cuesta

Depende del tipo de plan y del anfitrión. Negocios como Encubiertos venden sus platos por aparte y suman alrededor de $ 50.000. En Houspoon hay asados que pueden costar entre $ 20.000 y $ 50.000, cursos de BBQ por $ 135.000 e incluso talleres para hacer cerveza por $ 200.000.

Karen N. Martínez Sarmiento
Escuela de Periodismo Multimedia .