Vida

Flexibles como el bambú/ De tu lado con Álex

Flexibles como el bambú/ De tu lado con Álex

Me imagino que ustedes han escuchado o han manifestado frases como “cambia más de opinión que una mujer”, “es un voltearepas, porque antes pensaba una cosa y ahora piensa otra”.

La idea de cambiar de idea, de opinión o de punto de vista es comúnmente vista de una manera despectiva. Una persona que en algún momento era apasionada por un tema y después se apasiona por otro asunto es considerada aguas tibias e, incluso, se le cuestiona si sinceramente tuvo pasión por algo.

La mayoría de personas, implícita o explícitamente, consideran que cambiar de parecer es una debilidad o denota falta de carácter. Pero hoy me gustaría plantearles que considero que es todo lo contrario. Creo que quien tiene una opinión o un punto de vista pero decide abrirse a recibir información nueva y después es capaz de revaluar su posición inicial es admirable.

Entender que todos los días es una oportunidad para aprender algo nuevo y que estamos abiertos a que esos aprendizajes nos hagan mejores seres humanos es admirable y loable. Solo alguien inteligente es capaz de aceptar un punto de vista distinto al que tiene, digerirlo, entenderlo y permitir la posibilidad de generar un cambio en su manera de pensar.

Estamos inundados de personas que no son capaces de escuchar más allá de sus propios pensamientos y quizás por el simple hecho de no dar su brazo a torcer no son capaces ni siquiera de contemplar otro punto de vista.

Vivimos en un mundo donde ser terco es admirable y escuchar y reaccionar es considerado débil

Vivimos en un mundo donde ser terco es admirable y escuchar y reaccionar es considerado débil.

Todos debemos darnos la oportunidad de poder cambiar de ideas, cambiar de posición, cambiar de ideología o, simplemente, de cambiar. Debemos sentirnos orgullosos de saber que nuestra mente está abierta y lista para aprender cosas nuevas, sin importar nuestra edad o la vehemencia con la que estuvimos convencidos de nuestra posición original. Y no solo en plataformas políticas o en redes sociales.

Debemos darnos esta flexibilidad en todas nuestras relaciones: de pareja, con nuestros hijos, nuestros familiares. No debemos sentirnos orgullosos por no haber cambiado nunca de posición. Todo lo contrario, debemos cuestionarnos por qué no nos hemos dado la posibilidad de hacerlo.

Creo que en la vida deberíamos ser como el bambú: inmensamente fuerte pero siempre flexible, porque gracias a la flexibilidad evitamos quebrarnos ante un ventarrón.

ALEXANDRA PUMAREJO
PARA
​@DeTuLadoConAlex