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El museo que nace para proteger el bosque amazónico colombiano

El museo que nace para proteger el bosque amazónico colombiano

Carlos Rodríguez, el director de la Fundación Tropenbos, abre entusiasmado una caja de madera ante una audiencia que, se supone, es experta en temas ambientales. “Es el museo multisituado, vivo y activo de la selva amazónica”, dice orgulloso. Antes de explicar en qué consiste, primero hay que jugar.

Sobre una mesa coloca una serie de trozos pequeños de madera, como fichas de dominó, y unas láminas blancas, cada una con un árbol dibujado a mano por indígenas muinanes, uitotos, matapís, nonuyas y cabiyaris. El nivel más básico de la actividad consiste en colocar la madera sobre la imagen que corresponda. ¿Es un laurel? ¿Una guamilla? ¿Un yarumo? ¿Un carguero rojo? ¿Un comino o un tabaquillo? Hay tantas opciones que para los asistentes, algunos ingenieros forestales, es frustrante no saber cuál va con cuál, prácticamente hay que adivinar. Sin embargo, para los indígenas mayores de la Amazonia colombiana, con los que Carlos ha trabajado durante varios años, hacerlo es extremadamente sencillo. Su relación con la naturaleza es distinta, profunda. Los más viejos reconocen al menos 500 especies de memoria.

“A los jóvenes se les está olvidando el conocimiento tradicional. Las juventudes ahora están contaminadas de la palabra ‘comercio’. Una madera es plata. Ya no piensan en un árbol que tiene 600 años y que luego matan en un día, ni en el beneficio ambiental que producen”, dice Uldarico Matapí, el último conocedor del bosque que queda en el resguardo Villazul.

Museo Madera

Carlos Rodríguez, director de la Fundación Tropenbos, cargando un pequeño ‘Museo de la madera’. Estas cajas viajarán a las distintas escuelas de la Amazonia.

“Las generaciones jóvenes, como han abandonado tanto su conocimiento y la estructura de transmisión de saberes, ya no reconocen el sitio que habitan”, insiste Carlos. “El objetivo es acercar el bosque a la ciudad para generar conciencia. El aula viva del bosque tropical, un espacio para poner a dialogar los saberes en distintos niveles”.

El director de Tropenbos empieza el segundo nivel del juego: saca 12 láminas de una misma especie de árbol (cada una corresponde a un mes) y luego lanza el sablazo al público: “¿Quién se atreve a colocarlas en orden, de enero a diciembre?”. La idea es entender cómo este individuo vivo se va transformando en el tiempo; cuándo le salen las flores, cuándo los frutos y cuándo se le caen las hojas.

Museo Madera

Las láminas fueron dibujadas por indígenas de la Amazonia colombiana. La idea es rescatar el conocimiento tradicional a partir del juego.

¿Si no sabemos cómo funciona la naturaleza, cómo se supone que la vamos a proteger y a aprovechar correctamente?

Pero no suficiente con eso, Carlos lo pone aún más difícil. “¿Cuáles son las especies que se relacionan con este árbol en particular?”, pregunta. Y saca otra caja llena de animales tallados. Hay colibríes, micos, nutrias, gusanos, dantas, manatíes, culebras, peces, armadillos, tortugas, aves, osos hormigueros y jaguares. “¿Cuál de estos animales se relaciona con el tronco, con las ramas, con las semillas que caen al río si el árbol está a la orilla, con las hojas secas?”, vuelve a preguntar.

Según explica el doctor en biología de la Universidad de Ámsterdam, en un solo árbol puede haber hasta 50 interacciones entre animales, sin contar a los insectos. Eso significa que cuando se tala o quema una hectárea de bosque, no solo se está arrasando con el árbol sino con las demás relaciones ecológicas que hay en la selva, con los servicios ecosistémicos que prestan a las comunidades locales, y con el conocimiento tradicional.

‘El museo de la madera’, apoyado por el programa GEF Corazón de la Amazonia y Patrimonio Natural, es una iniciativa para entender los saberes indígenas como estrategia de conservación de los bosques. Es una acción pedagógica para que, desde niños, empecemos a construir una relación de respeto con la naturaleza. La idea es que esta caja viaje a través de los ríos y el bosque tupido hasta llegar a todas las escuelas de la Amazonia, donde se concentra el 70 por ciento de la deforestación nacional (138.176 hectáreas arrasadas el año pasado).

A la fecha hay 400 muestras de madera, pero el sueño es llegar a 4.000 y repetir el ejercicio con la particularidad de cada ecosistema que tiene Colombia.
“En la naturaleza está nuestra identidad. A ella hay que pedirle permiso. ¿Pero si no sabemos cómo funciona, cómo se supone que la vamos a proteger y a aprovechar? Es momento de respetarla”, dice Uldarico, de 60 años.

TATIANA PARDO IBARRA
Twitter: @Tatipardo2
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