Política

El candidato presidencial que prometió pavimentar el río Magdalena

El candidato presidencial que prometió pavimentar el río Magdalena

Gabriel Antonio Goyeneche era un hombre nacido en Socha (Boyacá). Se le veía rondar por las instalaciones de la Universidad Nacional de Colombia, donde vivió en una de las habitaciones de la Facultad de Veterinaria.

Sobrevivía con la venta de pequeños panfletos en los que estaban plasmadas algunas de las propuestas de su plan de gobierno.

Tenía claras sus aspiraciones: ser presidente de la República. Su sueño no sería vencido tan fácilmente y por eso se postuló como candidato presidencial independiente desde 1958 hasta 1974.

Algunas de sus propuestas eran: crear una marquesina para proteger a Bogotá de la lluvia, proyecto que sustituyó por el de mantener a las fuerzas aéreas bombardeando las nubes que se acercaran a la ciudad.

Gabriel Antonio Goyeneche

Gabriel Antonio Goyeneche

También propuso pavimentar el río Magdalena, porque la navegación era un caos y ya que el agua estaba dispuesta solo había que agregar arena y cemento; igualmente buscaba convertir la chicha en champaña y echarle anís a los ríos para que fueran de aguardiente.

"Goyeneche estableció su sede itinerante de campaña entre la Ciudad Universitaria, algunos colegios tradicionales de la capital y el circuito de cafés y plazas ubicadas en inmediaciones de la avenida Jiménez, irradiando desde éstos su proselitismo sincero en todas las direcciones". apuntó el escritor Andrés Opsina.

Según lo relata en el libro 'Biografía del disparate' el cronista Pedro Claver Téllez, "en 1958 Goyeneche encabezó la campaña a la presidencia de la República por el Movimiento Revolucionario Liberal. En plazas y calles hablaba con la gente, polemizaba, explicaba su programa de gobierno. Sacó doce votos. "Los doce apóstoles" -dijo con resignación bíblica".

El doctor Goyeneche era hábil con las palabras, y su discurso denotaba un humor peculiar y brillante. Decía profesar la austeridad, y por ello justificaba con su conducta el uso de ropas maltrechas donadas por los estudiantes. Al exponer sus programas se tornaba eufórico, aun cuando la mitad de Bogotá estuviera mofándose de él.

En 1966 repitió  la aventura de las elecciones presidenciales. Tras depositar su voto en la urna, tuvo una indisposición. Salió corriendo hacia una cafetería de la carrera octava. Más tarde, con el intestino aliviado, declaró: "Esto de ser candidato no es cuestión baladí. La angustia se paga con diarrea". Goyeneche se acostaba pronto.

Para hacer un rico cada día en cada cuadra, a diario se escogerá un individuo pobre que habite en una manzana de la ciudad. Los demás habitantes, sean quienes fueren, le darán al seleccionado un peso

"A las seis de la tarde es media noche para mí". Pero ese día hizo un esfuerzo para conocer el escrutinio. Treinta y tres votos... "¡¡Treinta y tres!!" -exclamó-. Treinta y tres como treinta y tres años tenía Jesucristo cuando murió en la cruz. Treinta y tres es un número cabalístico. Esto quiere decir que los grandes días están por llegar",, apuntó Goyeneche.

En 1970 de nuevo retó a la fortuna. Enfrente destacaban las candidaturas de Misael Pastrana Borrero y Gustavo Rojas Pinilla.  Pero tampoco lo logró.

Goyeneche falleció en 1978 y se llevó consigo la que, para él, era la fórmula para acabar con la pobreza. 

"Para hacer un rico cada día en cada cuadra, a diario se escogerá un individuo pobre que habite en una manzana de la ciudad. Los demás habitantes, sean quienes fueren, le darán al seleccionado un peso. Así el desdichado compatriota saldrá de sus necesidades inmediatas. Al día siguiente otro será el favorecido con el peso general, y con el tiempo todos seremos ricos por igual".

Murió sin ver colmada sus aspiraciones de transformar la vida de los colombianos, pavimentar el río Magdalena, terminar con alopecia de los hombres, implantar el inodoro sin agua ni papel higiénico.

JAVIER FORERO 
Redacción Política