Política

Desempleo en mujeres desmovilizadas es el doble que en los hombres

Desempleo en mujeres desmovilizadas es el doble que en los hombres

Si bien uno de los elementos fundamentales para asegurar que los desmovilizados no reincidan es que consigan un sustento económico lícito, en el caso de las mujeres que abandonaron los grupos ilegales es muy común cargar con la ‘cruz’ del desempleo.

Para mejorar las probabilidades de éxito de quienes se reintegraron a la vida civil, la Agencia para la Rincorporación y Normalización (ARN) diseñó un proceso para fortalecer distintos elementos como la educación, las habilidades vocacionales, las habilidades sociales y, claro, la generación de ingresos de los desmovilizados. Sin embargo, no ha sido posible cerrar la brecha de género entre esta población.

De acuerdo con datos de la ARN, a diciembre de 2019, la tasa de desempleo de las 52.315 personas que se acogieron al proceso de reintegración es de 11,1 por ciento. Pero si se mira por género la brecha es dramática: El 9,4 por ciento de los hombres desmovilizados está sin ocupación, mientras que el desempleo para las mujeres llega al 21,4 por ciento. Es decir, las mujeres (tanto las que terminaron su proceso de reintegración como las que aún están en ese camino) se enfrentan a una tasa de desempleo más de dos veces mayor que la de los hombres en la misma condición.

Es bien sabido que en Colombia existe una fuerte brecha de género en el ámbito laboral. La tasa de de desempleo general para los hombres es de 7,6 por ciento, mientras que para las mujeres se ubica en 12,6 por ciento.

Varios estudios explican que esto tiene su origen en que aún en el país se considera que emplear a una mujer está asociado con un costo más alto, pues se cree que ella puede quedar embarazada y acceder a una licencia de maternidad. Además, según la encuesta Gran Encuesta Integrada de Hogares del Dane, las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres a las labores del hogar, lo que hace que tengan una carga mayor que no les permite desarrollarse laboralmente.

Pero en el caso de las mujeres desmovilizadas hay un obstáculo adicional: haber incumplido su “rol tradicional en la sociedad”.

“Bajo este canal los potenciales empleadores las castigarían por haber incumplido el rol tradicional en la sociedad y haber sido partícipes de la guerra, reflejando un comportamiento autoritario y no familiar, contrario al estereotipo femenino tradicional”, indica el estudio de la Universidad de los Andes ‘El mercado laboral de los desmovilizados: evidencia de la discriminación invisible y de género mediante el Item Count Technique’.

Los potenciales empleadores las castigarían por haber incumplido el rol tradicional en la sociedad

El informe académico – que indaga sobre la voluntad de potenciales empleadores de contratar a un desmovilizado - señala que existe una mayor intención de emplear a hombres desmovilizados (62,38 por ciento) que a mujeres desmovilizadas (46,11 por ciento). Esto en gran medida porque ellas fueron en contra “el orden social” que indica que “es el hombre el que va a la guerra”.

“Esta hipótesis se sustenta en diversa literatura que ha mostrado que en sociedades patriarcales, como la colombiana, las comunidades ven la participación de las mujeres en el conflicto armado como un incumplimiento de sus roles tradicionales de género”, explicó la socióloga de la Universidad Nacional Beatriz Mora.

La sociedad ve entonces a las mujeres desmovilizadas como una doble amenaza por la incertidumbre que generan sobre el futuro y por la amenaza que representan al orden social en aspectos como la familia y la educación sexual y reproductiva.

REINTEGRACIÓN
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El proceso

En el proceso de reintegración, los desmovilizados reciben por parte de la ARN apoyo para el desarrollo y fortalecimiento de sus capacidades.

Uno de estos elementos es la entrega de Beneficio de Inserción Económica (BIE), que es un capital semilla que se entrega a los excombatientes que culminan exitosamente su ruta de reintegración, con el propósito de que puedan fortalecer un plan de negocio que les permita superar su situación de vulnerabilidad y ejercer la ciudadanía en el marco de la legalidad.

“El BIE facilita a las personas en proceso de reintegración el acceso a una fuente de generación de ingresos, en tres líneas: estímulo económico a la empleabilidad, planes de negocio y educación superior”, indicó la entidad.

De acuerdo con la ARN, 73 por ciento de quienes se reintegraron recibieron formación para el trabajo y 20.428 recibieron el beneficio de inserción económica.

Pero a pesar de tener todas estas herramientas las mujeres que dejaron las armas siguen reflejando la inequidad de género que aún persiste en la sociedad colombiana. La solución no está a la vuelta de la esquina. El cambio cultural es el más difícil de los cambios.

JAVIER FORERO
Redacción