Política

Alberto Casas habla sobre las divisiones que genera la JEP en Colombia

Alberto Casas habla sobre las divisiones que genera la JEP en Colombia

Quien quiera levantarles el ánimo a los participantes de un almuerzo –o de una comida que se apaga– y desee poner fin al letargo de las reuniones sociales de compromiso, debe poner a discusión la conveniencia o daño de la JEP, Tribunal de Justicia Transicional, incrustada en la Constitución Nacional.

Inmediatamente, la cosa se pone buena. Los comensales se despiertan. Lo más probable es que terminen dándose en la jeta, de manera virtual. A este país lo divide la JEP en los mismos términos en que lo fracciona el Acuerdo de Paz, identificado por sus contradictores como el Acuerdo de La Habana. Por eso, los puntos de referencia con connotaciones positivas o negativas se derivan de ese debate.

Los medios de comunicación sirven de termómetro para medir hasta dónde llega la sangre. La JEP no es un baluarte para la justicia colombiana y así contradecir desde el Centro Democrático a la embajadora de la Unión Europea, quien sostiene lo contrario: “La JEP se constituye en un baluarte para la justicia, no solo de Colombia, sino del mundo entero. Hoy se le referencia internacionalmente como pionera en los sistemas de justicia transicional”.

Los que critican a la JEP consideran que se desconoció el resultado del plebiscito de octubre de 2016, en el cual ganó el NO y los del SÍ asaltaron la Constitución y el orden jurídico y, en tal virtud, proponen la derogatoria de la JEP mediante un referendo.

(Le puede interesar la entrevista de Bocas con el alcalde de Medellín, Daniel Quintero)

Otros medios piensan diferente. La JEP es un éxito, pese a los críticos, dice El Espectador. “No deja de ser llamativo que la JEP despierte tanto resentimiento…
Como reconoció la Corte Penal Internacional, la JEP ha sido un ejemplo… que podría convertirse en un referente a nivel mundial… El país necesita que la justicia transicional siga siendo un éxito”. , es clave que la Jurisdicción Especial para La Paz haga lo que le corresponde: “para demostrarles a los escépticos y a los opositores de oficio que el país no se equivocó al apostarle a este modelo de
justicia para superar los 50 años de conflicto entre el Estado y las Farc”.

El impugnador de la JEP es el presidente Álvaro Uribe: “He meditado mucho sobre las consecuencias del sistema judicial que heredamos del gobierno anterior. Ese conjunto normativo vinculado a la JEP, consagró impunidad total a atrocidades como el secuestro y violación de menores. La verdad se ha convertido en una premeditación para negar o editar los hechos de acuerdo con el interés político”.

El fiscal general de la Nación adoptó una postura menos polarizada cuando visitó la JEP: “Le señalé [a la presidenta Patricia Linares] mi compromiso de acompañar ese proceso de Jurisdicción Especial de la Paz. Hoy, la JEP tiene un rumbo, es constitucional, tiene unas sentencias, hay 12.000 personas dentro de esa jurisdicción, hay 2.500 militares, tiene un camino que es la transición…”

Para Humberto de la Calle, las Farc son sujetos del derecho humanitario, apoyado en la opinión de la profesora de derecho internacional en el Transitional Justice Institute, y por tanto “las conversaciones con ese mismo grupo rebelde permiten desechar la idea de su virtual inexistencia como organización, y por lo tanto el lenguaje utilizado en el Acuerdo pretende ser claramente vinculante y su caracterización semántica reviste la forma de un tratado… La ruptura unilateral (del Acuerdo), aun por vía del referendo, puede generar responsabilidades internacionales para Colombia. Pegarle a la JEP, mediante una reforma constitucional vía referendo, nos llevaría a que los gobiernos recién elegidos intenten meterse en modificaciones de fondo a la Carta. Justamente, lo que la Constituyente quiso impedir”.

Pegarle a la JEP vía referendo constituye un desgaste para el
SÍ y para el NO. Sobre todo los del SÍ, que antes fueron los del
NO, saben que es imposible perfeccionar los cambios deseados

Pegarle a la JEP vía referendo constituye un desgaste para el SÍ y para el NO. Sobre todo los del SÍ, que antes fueron los del NO, saben que es imposible perfeccionar los cambios deseados. Ese no es su objetivo; el propósito es crear una propuesta programática que posicione al próximo candidato del Centro Democrático y repita la campaña contra el Acuerdo de Paz. La Constitución del 91 fue diseñada para impedir reformas por esa vía, lo mismo que la constituyente de Rionegro en 1863 y la constituyente de Núñez en el 86.

A los reformadores de la Constitución les gusta dejar obstáculos y/o prohibiciones que les den vueltas a las normas creadas por ellos.

El ejemplo más claro fue el plebiscito de 1957 que, en realidad, fue más bien un referendo. Artículo 13: “En adelante las reformas constitucionales solo podrán hacerse por el Congreso, en la forma establecida por el artículo 218 de la Constitución”.

En esa oportunidad, los contradictores de ese plebiscito también acudieron al truco de usar motivaciones falsas para buscar adeptos, solo que en esa ocasión no tuvieron éxito. “Católicos: ¡Alerta! El plebiscito será un triunfo del comunismo, del protestantismo y de las logias liberales contra la Iglesia”, decía la propaganda contra el Sí.

La norma del 91 abre la posibilidad de reformar la Constitución A) Por el Congreso. B) Por una Asamblea Constituyente. C) Por un Referendo. Pero, en la práctica, hizo gravosa, para no decir imposible, las reformas que no sean tramitadas por el Congreso.

Por ahora, pegarle a la JEP es una quimera. Se trata, más bien, de un inteligente mecanismo para ganar la próxima elección.

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Gracias por leernos.
Queremos recomendarle otro artículo Bocas: "Soy el mejor deportista que ha dado este país": Pambelé.

POR: ALBERTO CASAS
FOTOS: PABLO SALGADO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 99. NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2020