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Pese a autorización, en Cispatá no se caza ni comercia el caimán aguja

Pese a autorización, en Cispatá no se caza ni comercia el caimán aguja

En la zona manglárica de la bahía de Cispatá, en San Antero, Córdoba, existe la mayor población del caimán aguja del país. Su conservación y repoblamiento motivó al Gobierno, en diciembre de 2018, a levantar la prohibición de cazarlos para comercializar su piel.

Se han liberado 10.000 en los últimos 10 años en el Distrito de Manejo Integral y 1.000 más permanecen en cautiverio. Quienes tienen la custodia para iniciar el negocio prefieren mantener la restricción hasta tanto no cuenten con la infraestructura necesaria para hacer uso sostenible de la especie.

Nelson Rosales, guardián permanente de los reptiles, asegura que la noticia fue malinterpretada por conservacionistas y ambientalistas que difundieron lo que sería el exterminio de la especie Crocodylus acutus, que hasta hace 20 años estaba en peligro de extinción.

Caimán Aguja

Nelson Rosales, guardián permanente de los reptiles.

Aclara que el sacrificio y posterior venta legal de la piel requiere unos procedimientos que en la actualidad el grupo de protectores no cumplen, lo que les impide utilizar la población existente de animales.

“El Gobierno permitirá la comercialización a partir de la incubación, crecimiento y desarrollo de nuevos cocodrilos, pero en Asocaimán no contamos con el terreno, los equipos y el capital para iniciar el proyecto”, dice.

Rosales agrega que los caimanes adultos que conviven en Cispatá no pueden ser sacrificados por prohibiciones de ley y por principios del grupo de trabajo.

“Hace 20 años éramos los principales cazadores y enemigos del caimán aguja, pero después de un proceso de educación ambiental y de concientización, para proteger y conservar la especie, somos los menos interesados en poner a prueba el amor y el sacrificio que hemos puesto a esta iniciativa, que es ejemplo a nivel internacional”, asegura Rosales.

No obstante su negativa, comerciantes de cuero de caimán han llegado hasta el lugar de conservación a ofrecer un supuesto negocio rentable con el sacrificio de los cocodrilos que mantienen en cautiverio.

“Son propuestas tentadoras, lo reconozco, pero no hemos cedido en nada ni lo vamos a hacer”, advierte.

Rosales aclara que para llevar a cabo el proyecto de caza y usufructo de la piel de caimán, este grupo de protectores del reptil requiere un terreno propio de al menos dos hectáreas, preferiblemente a orillas de la zona manglárica, y dotación de equipos de incubación en cautiverio.

Caimán Aguja

Prohibición de caza se levantó en diciembre del 2018.

Solo tres años después de la incubación adecuada podrán hacer uso del cuero, que es apetecido en los mercados internacionales. “Aunque el Ministerio de Ambiente sí está de acuerdo en montar una planta de incubación, aún no tenemos nada claro”, añade.

Sin embargo, destaca el acompañamiento incondicional de gestores de la iniciativa, que comenzó en el 2002, cuando la caza indiscriminada tenía al borde de la desaparición a esta especie. Fueron los biólogos Gabriel Ulloa y Clara Sierra quienes dieron el primer paso para mantenerlos vivos y con periodos normales de incubación.

Desde entonces, las familias protectoras del caimán en San Antero son reconocidas en la región.

Por estos días de febrero y todo marzo, esas mismas familias emprenden uno de los trabajos más importantes en la protección del Crocodylus acutus. Comienza el desove, que consiste en el desfile de hembras por los nidos dispuestos en la zona manglárica.

En cuestión de cinco meses, las nuevas criaturas comenzarán a romper los cascarones celosamente cuidados por los antiguos traficantes y por las hembras. A partir de ese momento se da el tratamiento especial a los neonatos que más tarde irán a contribuir en el equilibrio de la especie y su existencia a largo plazo.

La Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS) asegura que durante el proceso de conservación se han detectado cientos de nidos y se han producido 11.000 reproducciones.

La cifra permite asegurar que el caimán aguja ya no estaría en riesgo de extinción en la zona manglárica de Cispatá. Este territorio fue reconocido como la primera área protegida de Latinoamérica en conservación en este tipo de ecosistema en el Curso de Áreas Marinas Protegidas.

GUDILFREDO AVENDAÑO
Especial para
San Antero, Córdoba @GudilfredoAv