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"El virus 'mordió' mi trabajo": una paseadora de perros en cuarentena

Soy una declarada enamorada de los animales, mi nombre es Estefany Rivera, tengo 29 años de edad y vivo en el municipio de Itagüi, sur del valle de Aburrá.

Actualmente, estudio auxiliar veterinaria en el Politécnico Sur de Itagüi. Este semestre adelantaba mis practicas, pero por el coronavirus no sé qué vaya a pasar, ya que el lugar donde las realizo se encuentra cerrado.

Gracias a mis conocimientos con los animales, desde hace un año pude crear mi propio emprendimiento, 'Paseadores Medellín', un proyecto con el que a través de 3.000 volantes que repartí en las calles y la creación de una página web, puedo ofrecer servicios como paseos caninos, peluquería y profilaxis. Gracias a esto pude pagar mis estudios y ayudar en los gastos de mi casa.

Anteriormente, trabajaba como vigilante, pero renuncié para hacer mi propia empresa. Empecé con el paseo de perros. Sacaba de dos a tres perritos por hora, es una responsabilidad muy grande con los dueños y por eso no he querido sacar más.

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Esta labor se creció muy rápidamente y ya no me daba tiempo para pasear a tantas mascotas. Entonces, llamé a cuatro amigos, les ofrecí trabajo y el negocio se creció por todo el sur del valle de Aburrá.

Cada uno pasea los perros durante una hora y le cobramos a los usuarios 5.000 pesos, si las personas quieren que nos demoremos más, pues entonces acordamos el valor según el tiempo extra que ellos requieran.

Obviamente, no podemos sacar a pasear a los perritos y tampoco puedo hacer la peluquería por todas las restricciones

Todo transcurría muy bien, pero con la aparición del coronavirus la situación se complicó mucho para mi y para mi familia. Obviamente, no podemos sacar a pasear a los perritos y tampoco puedo hacer la peluquería por todas las restricciones, las cuales lógicamente hay que seguir al pie de la letra.

Mi papá es zapatero y tampoco pudo volver a trabajar para nadie. Mi mamá trabaja en un restaurante y aunque sigue laborando, es muy poco el dinero que puede traer a la casa.

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Pase de ganarme cerca de un millón de pesos, los cuales los compartía con dos de mis compañeros, a no tener ningún ingreso. Mis únicos ahorros los gaste en la compra del primer mercado para la casa.

Ahora, vivo muy agradecida con mi novio, a quien conocí cuando era vigilante, pues gracias a su trabajo nos ha tendido la mano para sobrevivir, además puedo ser su beneficiaria del servicio de salud EPS.

Sólo espero que con la ayuda de Dios esta cuarentena pase rápido y reactivar mis labores para que todo vuelva a la normalidad para mi familia.