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El café que espantó rabia y resentimiento contra paramilitares

El café que espantó rabia y resentimiento contra paramilitares

Fue hace casi 20 años cuando el terror llegó a lo alto de las montañas del corregimiento Los Pinos. Llegó encarnado en decenas de hombres con fusiles y vestidos con prendas de camuflaje, alusivas a las de las Fuerzas Militares, que se regaron por esta zona rural de Pradera, en el sur del Valle del Cauca.

Se desplegaron por aquellas montañas de Los Pínos y también de La Ruiza y El Arenillo, donde la población no podía moverse con libertad. Casi que para hacerlo, los campesinos debían pedir una especie de permiso y lo hacían llenos de miedo con el que convivieron por alrededor de cinco años.

Fue el temor que los mataran, como lo hicieron con gran parte de la familia de María Omaira Tez García. Ella recuerda que a su esposo lo asesinaron en la Noche de las Velitas, aquel 7 de diciembre de 2000. El crimen ocurrió tres meses después de que estos hombres armados llegaron a esta zona del país. Eran los paramilitares del Bloque Calima, bajo el comando del extraditado Éver Veloza, conocido como ‘HH’.

“Allí empezó la pesadilla”, recuerda la campesina de manos callosas por vivir de lo que brota de la tierra. “Yo perdí a una hermana, a una prima, a mi esposo y a mi hijo”, dice la señora, quien endurece su rostro. Ya no quiere derramar más lágrimas. Lo hace decidida a sacar adelante los cultivos de café, ese que se echa al hombro para luego comercializarlo, pensando en que llegue a diferentes rincones del departamento y, por qué no, de Colombia bajo el nombre de Café Pinor.

Café Pinor

Los corregimientos La Ruiza, Los Pinos y Arenillo están ubicados a 45 minutos del casco urbano. Gracias a su clima el Café Pinor, tiene una excelente calidad, pues solo hay una cosecha en el año.


Esta es la comunidad reconocida por el Gobierno como sujeto de reparación colectiva por los daños sufridos por el conflicto de manera grupal y el derramiento de sangre de sus seres queridos, a manos de los paramiltares. Esta fue la fuerza que cubrió al Valle de terror a partir de la noche del 31 de julio de 1999, cuando finalizaba la eucaristía en el corregimiento La Moralia, en pleno corazón del departamento. Llegaron en cuatro camiones Kodiac con los primeros 50 hombres.
Según Luz Adriana Toro, directora territorial de la Unidad para las Víctimas en el Valle del Cauca, los pobladores son ejemplo de lucha y empuje por sembrar desarrollo. “La Unidad ayuda en un proceso de reparación e integra a líderes en un proyecto productivo para sus familias y la región”, dijo.

Café Pinor

En la cosecha anual se producen cerca de cinco toneladas y esperan que tras el lanzamiento, muy pronto puedan empezar a exportarlo.


La presentación de Café Pinor tiene el acompañamiento de la Unidad para las Víctimas y se llevó a cabo en la tostadora de Los Pinos. Es allí, donde María Omaira y otros labriegos mostraron orgullosos y con los ojos llenos de optimismo el proceso desde la planta hasta la taza de café.

La Asociación Agropecuaria de Los Pinos y La Ruiza (Asoagropinor) lideró la iniciativa y trabaja con 40 familias de Los Pinos y La Ruiza. Su presidente, Jaime Jiménez, quien tuvo que dejar sus tierras por los ‘paras’, dice: “Café Pinor es una marca de origen de nuestra geografía y lo queremos proyectar por su calidad, sus aromas, fragancias, algo especial para un consumidor que se quieren deleitar con una excelente taza”. Actualmente se producen cerca de cinco toneladas en el año.

Retorno hace tres años en una reparación colectiva
Café Pinor

Mariá Omaira Tez perdió sus seres más amados, pero no el amor por su tierra y el café, lo que la llevó a salir adelante en la montaña y ser una de las víctimas que hace parte del proyecto Café Pinor.

“Cuando mataron a mi esposo y a uno de mis hijos, me quedé sola con mi hermana a la que asesinaron ocho meses. Salí de la finca dejando todo abandonado. Me fui y dejé mi hogar. No pisé estas tierras durante 15 años”.

Este relato desgarrador lo hace María Omaira Tez García al señalar que regresó hace tres años a sus tierras para sacar adelante el Café Pinor.

“Cuando los paramilitares se desmovilizaron empezamos a retornar y tomamos confianza en el territorio”, dice Jaime Jiménez, presidente de la Asociación Agropecuaria de Los Pinos y La Ruiza (Asoagropinor). “Ponemos a producir la tierra y reconstruimos el tejido social. Allí contactamos a la Unidad para las Víctimas y les contamos todo lo que pasamos y nos declararon sujeto de reparación colectiva”.

La ola de terror de los paramilitares empezó con Norberto Hernández Caballero, alias ‘Román’, el antiguo comandante del Bloque Calima en Valle, Cauca y en el Eje Cafetero. Se configuró como una fuerza que creció entre 1999 y 2004 con 6.918 asesinatos, 119 masacres y 3.400 desplazamientos forzados.

Los ‘paras’ arribaron al Valle del Cauca donde se movían el frente sexto de las Farc y el Eln, en un comienzo, en Tuluá, Bugalagrande y Andalucía. Su llegada fue dos meses después del secuestro por el Eln de 165 feligreses en la iglesia La María, en Cali, aquel 30 de mayo de 1999.

Esos primeros 50 hombres eran cercanos de Vicente Castaño Gil, con alias ‘El profe’ y hermano del extinto jefe paramilitar Carlos Castaño.

El Centro de Memoria Histórica indica que “en el momento de la llegada del Bloque Calima al Valle, entre 1998 y 1999, se mantenía la alianza con el narcotraficante Diego León Montoya Sánchez ‘Don Diego’ (primer financiador del Bloque Calima en sus primeros años. En la región se asegura que tenían apoyo de dueños de tierras y empresarios.

JUAN PABLO RUEDA Y REDACCIÓN CALICALI