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Rapto de bus termina con el secuestrador muerto en Brasil

Rapto de bus termina con el secuestrador muerto en Brasil
Fue dado de baja por un francotirador. Los 37 rehenes salieron ilesos. Conmoción.

ANTONIO TORRES DEL CERRO

EFE RÍO DE JANEIRO

Casi 20 años más tarde del impactante secuestro de un bus municipal en Río de Janeiro, Brasil se conmocionó de nuevo ayer por un hecho similar sucedido en el puente Niteroi de Río que acabó con el asaltante muerto por el disparo de un francotirador y con 37 rehenes ilesos.

A las 5:26 de la mañana, el día todavía no había despuntado en Río cuando el autocar de la línea 2520 de la empresa Galo Branco que une São Gonçalo y Río de Janeiro por el puente de Niteroi era secuestrado por un joven que se tapaba el rostro con un pañuelo.

Tras casi cuatro horas de mantener secuestrado el bus con los rehenes -seis de los cuales fueron liberados en el proceso de negociación- un francotirador del grupo élite disparó contra el hombre que amenazaba con incendiar el automotor, en una acción que bien se asemejó con la escena de un filme.

Con el rostro oculto tras un pasamontañas y camuflado bajo una manta roja sobre un vehículo de bomberos, el francotirador, miembro del Batallón de Operaciones Especiales de la Policía (Bope), la famosa Tropa de élite de Río de Janeiro ya consagrada cinematográficamente en una película con ese nombre, permaneció atento hasta encontrar el momento adecuado para neutralizar al secuestrador.

No era el único ubicado estratégicamente para frenar la acción del joven de 20 años identificado como Willian Augusto da Silva. Más francotiradores estaban en los alrededores del lugar de los hechos pendientes de cualquier oportunidad que les permitiera frenar la acción del secuestrador.

La acción del Bope, fue aplaudida por el gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, un exjuez de ultraderecha que legitima la violencia policial contra delincuentes en las favelas y quien defiende que francotiradores de élite abatan a criminales que porten fusiles.

El Bope es un grupo élite de la Policía que se asemeja al estadounidense Rangers, o al SWAT, entrenados para realizar operaciones de alto riesgo y actuar en situaciones bajo presión, como la ocurrida ayer.

El secuestrador

Todavía se sabe poco de las posibles motivaciones de Augusto da Silva, quien portaba un arma de juguete, un bidón de gasolina y un puñal.

El joven, residente en São Gonçalo, un populoso suburbio separado de Río por la bahía de Guanabara, tenía señales de depresión, según testimonios recogidos por la prensa local.

El asaltante falleció a las 10:35 camino del hospital, al que llegó con un paro cardiorrespiratorio producto de los disparos policiales.

Los 37 pasajeros del bus resultaron ilesos. Solo se registró el desmayo de una mujer fruto de la tensión vivida.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, usó Twitter para felicitar a los agentes.

Bolsonaro, antiguo capitán del Ejército brasileño, expresó también que "no hay que tener pena" porque un bandido muera debido a la acción de francotiradores y recordó el traumático secuestro de la línea de bus 174 sucedido el 12 de junio de 2000 en Río de Janeiro.

En aquel episodio, inmortalizado por el cineasta José Padilha en el documental Ônibus 174, falleció el secuestrador, Sandro Barbosa do Nascimento -un joven sobreviviente de una matanza parapolicial contra menores de la calle-, y una rehén.

"La orden superior era hacer cualquier cosa, menos disparar, y no fue usado un francotirador. El resultado fue la muerte de una profesora inocente y después el bandido murió dentro de la patrulla", sostuvo Bolsonaro.

Lugar del secuestro

El puente Niteroi, de los más extensos del mundo, con 13 kilómetros, de los cuales 9 sobre el mar, alberga una autopista con seis carriles -tres en cada sentido- en los que se desplazan centenas de miles de automóviles diariamente. El tránsito en la ciudad aumentó en al menos un 50% de debido a los cordones de seguridad establecidos por el secuestro.