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Cuba, ¿ángel o demonio de la toma a la embajada?

Cuba, ¿ángel o demonio de la toma a la embajada?

Hace 40 años, el grupo guerrillero Movimiento 19 de Abril (M-19) se tomó la embajada de República Dominicana en Bogotá. Hacia el mediodía, las instalaciones diplomáticas del país caribeño recibían a delegados de varios países para conmemorar durante aquel 27 de febrero de 1980 la independencia de su República.

Sin embargo, uno de los aparentes invitados a la celebración sacó un arma y disparó al aire, con lo que comenzó la “Operación Libertad y Democracia”, que durante 61 días mantuvo privados de su libertad a 16 embajadores de varios lugares del mundo.

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Los captores exigían al Gobierno la liberación de 300 presos pertenecientes a dicha guerrilla, además de un pago de 50 millones de dólares. 

Sorpresivamente, el hecho es una de las negociaciones destacadas de la historia colombiana, pues tras 52 días de diálogo entre la guerrilla y el gobierno nacional, los embajadores y los secuestradores fueron llevados en un avión a Cuba, dejando como saldo del secuestro una sola víctima, en un hecho que ante su magnitud, pudo haber estado marcado por la tragedia y la muerte.

Cuba jugó un papel clave en el final de este episodio. Según Julio Londoño Paredes, diplomático, docente y exembajador de Colombia en Cuba en 1998, “el gobierno de Fidel Castro se comprometió a enviar un avión para evacuar a los miembros del M-19 que habían hecho la toma de la embajada, acompañados de algunos embajadores”. Estas personas llegaron a Cuba el 25 de abril de 1980 y el gobierno acogió a los miembros de dicha guerrilla, quienes luego de un tiempo regresaron a Colombia.

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Cuba se convirtió en una especie de foco que motivó una serie de grupos revolucionarios en todo el continente

Londoño cuenta que Cuba no actuó como parte de la negociación, pues esta “se hizo exclusivamente por parte de Colombia con sus representantes; el presidente Julio César Turbay, el canciller Diego Uribe Vargas y los miembros del M-19”. Para el exembajador, la participación de la isla se debió seguramente “a una solicitud formulada por los mismos miembros del M-19”.

Pero a pesar de que Cuba no fuera un miembro del proceso de diálogo, sin su accionar el secuestro no habría terminado de la manera en que la historia lo recuerda. Según León Valencia, politólogo, analista y autor colombiano, en un país como este, con una tradición de violencia, “un episodio de negociación y de resolver por vías pacíficas situaciones difíciles como la de la toma de la embajada, es un ejemplo enorme de que se pueden resolver conflictos de manera pacífica” y Cuba “tuvo el papel de encontrar una salida que no se veía fácil”.

Paradójicamente, la toma de la embajada en 1980 es una muestra de las dos caras de la historia cubana. Óscar Julián Palma, internacionalista y docente de la Universidad del Rosario, recuerda que dicho país, a partir de la revolución en 1959, “se convirtió en una especie de foco que motivó una serie de grupos revolucionarios en todo el continente para que en otros países se crearan revoluciones similares a la que se vivió allí”. Según Palma, miembros de las guerrillas del continente pasaron tiempo en el país de Fidel Castro y se entrenaron para reproducir la revolución en Suramérica.

Toma de la embajada de República Dominicana

El M-19 secuestró el 27 de febrero de 1980 a un grupo de 16 diplomáticos dentro de la sede de la embajada de República Dominicana en Bogotá.

Cuba era entonces el modelo y la inspiración de los grupos insurgentes en la zona, que veían en su historia un ejemplo para implantar la revolución. Pero después de la guerra fría, el rol espontáneo de negociador del país comunista apareció casi de inmediato, cuando comenzaron a establecerse una serie de canales de comunicación con ellos, independientemente de su sistema. Cuba se volvió “un interlocutor válido para ayudarnos a resolver ese mismo tipo de tensiones como las que generó la toma de la embajada”, asegura Palma.

Valencia lo resume en que “al principio, Cuba fue el impulsor de las guerrillas en los años 60 y 70 en toda América Latina, pero luego empezó a cumplir un papel totalmente distinto, el de facilitar que estas guerrillas se desarmaran y se dieran a procesos de paz”, pues el país y su gobierno “estaban dando la vuelta para promover más negociaciones que guerras”.

Había indicios de que el gobierno de La Habana estaba prestando ayuda a algunos grupos guerrilleros y específicamente al M-19

“El hecho de ser una isla, la seriedad y sofisticación de su diplomacia y el ser un país pequeño sin muchos intereses en el mundo” le valieron a Cuba para su rol de “mediador y facilitador de muchos procesos de negociación y de paz en América Latina”, afirma Valencia.

Sin embargo, tras la actuación de Cuba como facilitadora y a un año de la toma de la embajada, en 1981 el entonces presidente Turbay decidió cortar las relaciones diplomáticas entre ambos países “porque había indicios de que el gobierno de La Habana estaba prestando ayuda a algunos grupos guerrilleros y específicamente al M-19”, contó Londoño. Turbay incluso señaló que el gobierno de Fidel estaba interviniendo en asuntos internos del país.

El asunto de la embajada se cerró finalmente entre agradecimientos a Cuba por terminar con el secuestro y entre los ataques a Fidel y su gobierno por ayudar a formar y a financiar las guerrillas del país. Las relaciones entre La Habana y Colombia se restablecieron doce años después en 1993, bajo el gobierno de Cesar Gaviria Trujillo.

ANGIE NATALY RUIZ HURTADO
REDACCIÓN INTERNACIONAL