Economía

Los duros efectos de cambiar el IVA por el impuesto al consumo

Los duros efectos de cambiar el IVA por el impuesto al consumo

La propuesta del Partido Liberal al Gobierno, de reemplazar el IVA del 19 por ciento por un impuesto al consumo del 8 por ciento, si bien luce atractiva de cara al consumidor, por la vía del incremento de los precios de bienes y servicios, pero también la competitividad del país y el recaudo tributario.

Así lo señalan tanto el informe sobre los efectos de sustituir el IVA por dicho impuesto que hizo el Gobierno como compromiso de la Ley 2010 de 2019, o ley de crecimiento económico (reforma tributaria), pero también expertos en impuestos consultados, quienes señalan que bajo las opciones analizadas, o se afecta el recaudo de impuestos o los ciudadanos pagarían los platos rotos.

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Pero advierte que el efecto directo sobre los precios y el bienestar sería superior que el de un incremento en el IVA que produzca el mismo recaudo.

“Tendría repercusiones negativas sobre la actividad económica, y generaría cargas de tributación muy dispares entre sectores”, señala el documento, que se hizo tras consultar expertos en el tema.

“Por sus efectos indirectos, la sustitución de IVA por este tipo de impuesto al consumo tendría repercusiones negativas sobre la actividad económica, y generaría cargas de tributación muy dispares entre sectores”, recalca el análisis del Ministerio.

Cálculos de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian) estiman que la implementación del impuesto al consumo a la larga generaría una caída de 16,8 billones de pesos (1,6% del PIB) en el recaudo si no cambian las tasas de evasión, pero si esta aumenta, el impacto sería de 23,1 billones (2,2 % del PIB), bajo un nivel de evasión que pasaría del 23 por ciento al 33 por ciento.

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“Es evidente la magnitud en la que se generan efectos en cascada y en la que no se cumple la neutralidad entre actividades económicas”, recalca el análisis, al subrayar que bajo este escenario sube la carga tributaria a las actividades económicas con márgenes de utilidad bajos, afectando al comercio, mientras que la carga efectiva bajaría para los sectores con altos márgenes de utilidad, como la provisión de servicios. Y bajo una situación de esta naturaleza, habría un caldo de cultivo para la evasión.

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A juicio de Santiago Pardo, experto en temas de impuestos, el recaudo aumentaría, pero los que estarían en riesgo son las miles de micro, pequeñas y medianas empresas que intervienen en el proceso productivo y de comercialización de bienes en Colombia y la mano de obra que depende de ellas.

El mayor inconveniente es que los políticos
son los primeros
en colgarles exenciones y todo tipo de reducciones a los impuestos

“Estas empresas desaparecerían por la inundación de productos terminados”, insiste. Y es que según explica, lo que está proponiendo el Partido Liberal, es un impuesto en cascada, en todas las etapas de producción y comercialización.

“Lo que no le ha dicho el Partido Liberal a la gente es que un impuesto al consumo del 8 por ciento en todas las etapas de producción y comercialización de los bienes implica encarecer el precio de todos aquellos productos que tengan más de dos etapas de comercialización”, señala.

Por ejemplo, en la producción de muebles de madera, se causaría un 8 % en el aserrío, un 8 % en el depósito que seca la madera, un 8 % en el carpintero, un 8 % en el distribuidor mayorista y un 8 % en el almacén que atiende al consumidor final, para un 40 por ciento en total, frente a un 19 por ciento que se cobra en la actualidad.

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Es decir, se generaría la posibilidad de duplicar o triplicar el recaudo, pero favoreciendo a los importadores y en detrimento de la economía nacional. Además, se afectaría en mayor medida a quienes están más alejados de los centros de producción, porque el impuesto al consumo se incrementará tantas veces como comerciantes participen en la cadena.

Peor efecto en recaudo

Asimismo, el Ministerio de Hacienda en su documento también hizo las cuentas de la implementación de un impuesto al consumo con tarifa de 8 por ciento aplicado únicamente a las ventas finales, caso en el cual se caería el recaudo en 31 billones de pesos (2,9 % del PIB), lo cual se debe principalmente a la reducción en la tarifa general del 19 por ciento.

Este escenario, que también contempla que no se haga ningún tipo de compensación de impuestos descontables, simuló los efectos de un impuesto al consumo bajo buenas prácticas, procurando gravar solo transacciones de consumo final, es decir, lo que paga el consumidor.

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Sin embargo, reitera que esta alternativa no permite que se dejen de gravar por completo los costos de las empresas y es más vulnerable a la evasión que el mismo IVA.

El exdirector de la Dian, Horacio Ayala, sostiene que el simple ejercicio de reducir el IVA actual a un impuesto al consumo del 8 por ciento daría un recaudo del 43 por ciento de lo que actualmente se recoge de los contribuyentes, asumiendo los mismos
bienes y servicios gravados y las mismas exenciones.


Y si bien se podría ampliar la base de bienes y servicios gravados, está en duda que se logre un recaudo igual o superior al del IVA actual, ya que este tiene en excelente rendimiento en los países de Occidente.

“El mayor inconveniente quizá consiste en que los políticos son los primeros en colgarles exenciones y todo tipo de reducciones a los impuestos. Sería un riesgo importante porque no es fácil reemplazar los recaudos del IVA”, asegura.

Al respecto, Santiago Pardo pone los puntos claros y señala que “ningún país del mundo tiene este sistema de impuesto al consumo (sin descuento) en todas las etapas de la producción y comercialización. Algunos parlamentarios dicen que así funciona en Estados Unidos. Eso es falso”.

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ÓMAR G. AHUMADA ROJAS
Subeditor de Economía y Negocios @omarahu