Economía

La papa caliente / El condimentario

La papa caliente / El condimentario

Desde que tengo memoria hay crisis en el campo colombiano. Recuerdo imágenes de cosechas perdidas, de campesinos clamando ayudas del gobierno y de miles de hectáreas sembradas. Paradójicamente contrastan con el hambre, la inequidad y el abandono que viven los agricultores.

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Este es un país con millones de kilómetros de tierras fértiles. Un edén con múltiples climas para cultivar y con mano de obra incansable. La tierra prometida. Basta con ir a cualquier mercado para entender nuestra riqueza. Una gran despensa. Tenemos capacidad para alimentar a montones de personas ¿Acaso no es eso lo más valioso que existe? Señala la FAO que se vienen tiempos difíciles, se engrosará la fila de personas desnutridas y se incrementará la crisis mundial de alimentos. La pandemia del covid-19 deja muchas lecciones y una de ellas es darle valor a la seguridad y la soberanía alimentaria. Deben ser prioridad para los gobiernos.

La comida es un acto político

Los problemas que afronta el campo son más que conocidos: altos costos en los insumos, pobreza, inseguridad, transporte, acceso, falta de carreteras y vías, distribución, inmensa cantidad de intermediarios, insuficientes subsidios y muy baja remuneración por las cosechas. Sumado a las importaciones que son competencia desigual por precios más no por calidad. Ni hablar de la falta de infraestructura, capacitación y tecnología frente a países desarrollados con los que tenemos tratados de libre comercio. En resumen, es un centenario círculo vicioso producto de la indolencia de los gobernantes de turno.

Los campesinos deben ser la cara de nuestro país. Ellos son los que siembran, cultivan y cosechan la tierra, los que proveen los alimentos.

Durante la pandemia han sido trabajadores incansables ¿De dónde creen que sale la cebolla larga, el tomate chonto y la piña llanera que sirven en su mesa? En días pasados vivimos nuevamente la desgracia de su precaria situación. Los cultivadores de papas del departamento de Boyacá no tenían a quien vender, cómo transportar y mucho menos cómo recuperar la inversión. Y entre tanto muchos comprando, asumo por desconocimiento, papas importadas en los supermercados. Lo mismo sucedió con la yuca y el maíz entre otros, la historia es interminable. Cómo dueles Colombia.

La comida es un acto político. Como ciudadanos tenemos que comprar mejor: dónde, cómo, qué y a quien lo hacemos son decisiones que tienen un gran impacto en la sociedad, el medio ambiente, la economía, el desarrollo, la salud y por supuesto el agro del país. Invito a hacerlo en las plazas de mercado, muchas tienen domicilios. También en los mercados campesinos. Y mejor si es directamente al productor. Es un doble beneficio: más fresco, menos manipulado y a mejor precio. Eso sí ni se les ocurra regatear. ¿Si en Carulla no piden rebaja, porqué hacerlo al campesino?

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Entretanto, sueño con un país justo con el campo que entienda la fortaleza que tiene en sus tierras. Ya se están barajando los candidatos a las próximas elecciones mejor momento no hay para proponer soluciones reales a este llamado a gritos del sector.

Buen provecho.

MARGARITA BERNAL
 @MargaritaBernal
www.elcondimentariodemargarita.com