Economía

'El deseo de progresar es la única garantía que pedimos'

'El deseo de progresar es la única garantía que pedimos'

A Angélica Valbuena casi no le alcanza la semana para cumplirles a sus clientes. Tres días los dedica a entregar los pedidos de hortalizas que le hacen las familias de Ubaté y varios restaurantes de la zona.

“A todos les parecen deliciosos mis productos, porque crecen sin químicos, pues para fumigar uso una maceración de tabaco, saúco y verbena o de ajo, ají y cebolla, que repele los insectos. Eso para mí es un orgullo”, dice.

El resto de sus días los dedica a su cultivo, cuyas hortalizas orgánicas crecen en un invernadero, que amplió gracias a un microcrédito de Bancamía, la entidad que actúa en Colombia y que pertenece a la Fundación BBVA Microfinanzas (FMBBVA). Y es que, según un informe revelado este año por la Ocde en París, la FMBBVA se encuentra en el segundo lugar del escalafón internacional de fundaciones privadas filantrópicas dedicadas a la financiación de proyectos para el desarrollo, después de la Fundación Bill y Melinda Gates.

(Le puede interesar: Ya somos 50 millones de habitantes en Colombia)

“Somos segundos en el mundo y líderes en Latinoamérica, pues la mayor parte de nuestra actividad se concentra en Colombia, Perú, Chile, República Dominicana y Panamá

“Somos segundos en el mundo y líderes en Latinoamérica, pues la mayor parte de nuestra actividad se concentra en Colombia, Perú, Chile, República Dominicana y Panamá”, explica Javier Flores, director de la FMBBVA. En efecto, según las cifras reveladas por la Ocde, la FMBBVA desembolsó en 2018 alrededor de 1.200 millones de dólares en estos países y “de ellos, 353 fueron destinados por Bancamía a créditos productivos para microempresarios en Colombia, en ese mismo año, ya que contamos con cerca de un millón cien mil beneficiarios de microcréditos”.

Mujeres empoderadas

Esta fundación solo hace préstamos a proyectos que promueven el desarrollo económico y social, emprendidos por población no bancarizada, de sectores vulnerables y que tienen finalidades productivas, como el invernadero de Angélica.

Ella había intentado pedir préstamos para hacer mejoras, pero “por ser madre cabeza de familia, responsable de tres niños y por no tener título de propiedad ni de estudios”, se los negaban. “Yo pensaba que eso no es para mí –recuerda–, hasta que hace unos años, mientras vendía con mi mamá en el pueblo, un amigo nos comentó que Bancamía iba a dar una charla informativa. Fui y me animé a pedir un crédito de $2’000.000 con el que llevé todas las siembras al invernadero y apliqué técnicas de riego que aprendí en las asesorías técnicas que recibí con el préstamo”.

“Colombia se ha convertido en un caso ejemplar –apunta Flores–. De nuestros usuarios, el 81 por ciento se encontraba en situación vulnerable y con sus emprendimientos han salido de la pobreza. A lo que se suma el hecho de que 60 por ciento de esos emprendedores son mujeres cabeza de familia, que inician sus actividades por necesidad”.

Impacto social

“Prestamos sin ningún otro respaldo que el deseo de progresar. Y no nos equivocamos, pues solamente el 3,8 de las personas que toman un crédito no pagan; en cambio, son muchas más las que vuelven a pedir otro”, asegura el director de la FMBBVA.
Así ha ocurrido con Norma Ordóñez, quien ha hecho más de diez préstamos para remodelar y adecuar su casa, ubicada en Soacha (Cundinamarca), pues desde hace más de 19 años creó un jardín infantil para evitar que sus vecinas dejen solos y encerrados a sus hijos cuando salen a trabajar.

“Con la cédula y sin fiador me han dado los créditos para desarrollar mi idea, que es ofrecer mi casa en las mejores condiciones para que las circunstancias sociales o familiares no consuman a estos niños”, explica.

Es también el caso de Yamile Salazar, que pidió su primer crédito por un millón de pesos hace diez años para comprar una máquina de coser y fabricar ropa infantil en Medellín. Luego sus clientes hicieron pedidos mayores, entonces le fueron prestando más dinero en al menos veinte créditos más, hasta que llegó a tener doce máquinas y doce madres cabeza de familia trabajando en su casa.

Hemos ido creciendo. Hoy tenemos veintisiete talleres, despachamos a noventa y nueve almacenes y les damos trabajo a unas noventa personas”, remata Yamile.

MELISSA SERRATO RAMÍREZ