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Colombia en la Copa: no se busca ganar, solo participar (opinión)

Colombia en la Copa: no se busca ganar, solo participar (opinión)

Ecuador clasificó a tres clubes en octavos de final de la Libertadores (Independiente del Valle, Liga de Quito y Delfín (¡Delfín…!!!). Bolivia uno (Wilstermann), que no es de la altura y ganó su grupo, integrado por Peñarol, quíntuple campeón continental, Colo Colo, coronado en 1991, y un brasileño, Atlético Paranaense, vencedor de la Copa Sudamericana 2018. Mucho mérito. Paraguay se anotó con dos: Libertad y Guaraní (el milagrero Gustavo Costas dirige al Aborígen). Luego, lo usual: 6 brasileños, 3 argentinos, un uruguayo. ¿Colombianos…? Cero. Se repite en los últimos años: de cuatro representantes, ninguno llega hasta la cocina de la Copa, no pasan del recibidor.

Conste que en 2017 tuvo 5 equipos en competencia el país de Botero y García Márquez. Y ninguno alcanzó la zona de definición. Más que eso: en los últimos cuatro años, los equipos colombianos consiguieron en la fase de grupos apenas el 38 por ciento de los puntos en juego, un porcentaje casi alarmante. No hay gloria con el 38 por ciento.

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Observemos otros parámetros: desde 2017, el lapso que estamos analizando, no intervienen más los equipos mexicanos, que por su poderío siempre ocupaban puestos en la grilla de octavos de final. Al no jugar más formaciones del porte del América, Cruz Azul, Toluca, Pachuca, Tigres dejaron lugares que podía ocupar Colombia. No lo hizo. Una comparativa con Paraguay y Ecuador, dos medios mucho más pequeños que el colombiano, arroja un dato inquietante: en los últimos cuatro certámenes, esos dos países clasificaron a 7 clubes a la zona de definición, Colombia 1, Atlético Nacional en 2018, que fue inmediatamente apartado por el modesto Atlético Tucumán. Considérese que Colombia tiene 7 veces más habitantes que Paraguay. Y su producto interno bruto (PIB) es el triple.

¿Qué está pasando…? Eso debiera diagnosticarlo alguien de adentro, que conoce mejor la problemática interna. Nos piden la óptica externa. Desde afuera vemos que Colombia no sólo es un país hermoso, también muy importante, vasto, rico, potente económicamente y con profunda tradición futbolística. Incluso con un periodismo deportivo fuerte, superinformado, de alto nivel. Pero el fútbol del país no está acorde a la grandeza del país. Ni con su periodismo. Este lo mantiene en alto, genera expectativa, promociona, fogonea mañana, tarde y noche. Es mejor el vendedor que el producto.

Una cosa es la Selección Colombia, otra diferente su fútbol de club. En los últimos treinta años la Selección ha dado un salto cualitativo enorme, ha clasificado a cinco Mundiales sobre ocho, es difícil para todos enfrentar a Colombia. Y su objetivo ya no es clasificar al Mundial, eso se descuenta, sino hacer un gran Mundial.

La materia prima también es calificada. Individualmente, el futbolista colombiano es muy apreciado, por ello los hay por toda Sudamérica. De allí que Boca o River tengan siempre tres o cuatro colombianos. Y casi todos titulares. Algunos, figuras (Borré, Villa, Barrios hasta irse a Rusia); uno que otro, crack (Juan Fernando Quintero).

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Los clubes, en cambio, están lejos de la vanguardia. La excepción fue Nacional hasta hace cuatro años. Los demás parecen entrar a los torneos sólo a participar, a ganar el jugoso premio que otorga la Libertadores. No se advierte, a la distancia, una auténtica ambición deportiva, la de jugar para ser campeón, para pelear arriba. Son actores de reparto. No se entiende cómo dos instituciones del porte de Millonarios y Santa Fe, insertos en una urbe impresionante y poderosa como Bogotá (casi triplica demográficamente al Uruguay entero), tengan en Copa una figuración tan tenue y descolorida en 61 años de competencia.

A diferencia de una selección, la competencia de clubes necesita del soporte financiero, no se pueden contratar buenos elementos sin dinero. Y ahí está el misterio: Colombia tiene una pujanza económica muy superior a la mayoría de los países de la región, ¿por qué entonces su fútbol de club es tan poco relevante con una población inmensa (segunda del cono sur) y ultrafutbolera…? O sea, de primera el restaurante, solícito el camarero, impecable la mesa, acogedor el ambiente, pobre la comida.

De afuera se percibe a los clubes colombianos como factorías, voraces por vender a los talentos apenas aparecen. Y sin buenos planteles no hay éxito posible. Incluso habría que analizar el rubro entrenadores, que no brilla. Cuando estuvo Reinaldo Rueda, un profesional formidable, fue campeón. También a él lo dejaron irse al exterior. No se retiene la calidad. Y no se contratan comandantes de ese nivel.

O los clubes no son verdaderamente grandes o no hacen el esfuerzo por armar nóminas con pretensiones. Es incomprensible que el fútbol colombiano haya ganado sólo 3 títulos en 61 ediciones de Copa (4,92 por ciento). Casi un tercio de los lauros de Peñarol y Nacional.

Junior

Flamengo vs. Junior.

Los factores adversos que podrían enfrentar los equipos colombianos son los mismos que los de otros países. Estos incluso tienen más carencias y dificultades. Pero apelan al ingenio para seguir compitiendo con posibilidades. Flamengo consiguió la última Libertadores gracias, fundamentalmente, a dos cracks: Gabigol y Bruno Henrique, dos repatriados. Y contrató al técnico del Benfica, Jorge Jesús. River, con más imaginación que dinero, pudo pescar en Europa a Borré y Quintero. Y hace lo milagros retener a Marcelo Gallardo. Liga de Quito intenta, año tras año, conformar un plantel competitivo; Independiente del Valle, una pequeñísima entidad, nueva y sin hinchas, aguanta todo lo que puede a los jóvenes prometedores que procrea. Guaraní se esforzó para invertir en Gustavo Costas. Son apenas un puñado de ejemplos.

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Se divisa cierta pereza de la dirigencia y un deseo irrefrenable de hacer caja con la primera figurita que surge. Por ahí podríamos entender los magros resultados internacionales.

Jorge Barraza

@JorgeBarrazaOK