Cultura

Un actor describe la tensión de trabajar en la serie 'Castle Rock'

Un actor describe la tensión de trabajar en la serie 'Castle Rock'

“Siempre he preferido esos personajes en los que el reto es encontrar el lado malo de una persona buena o el aspecto bueno de alguien malvado”, reflexiona Tim Robbins en una conversación con .

 “Me aburre mucho hacer de un ángel bueno o algo parecido”, sentencia el actor, quien muchos recuerdan por películas como el drama Río místico, el thriller Jacob’s Ladder o Sueños de fuga (The Shawshank Redemption).

Sus experiencias con la naturaleza humana afloran de nuevo precisamente con la serie Castle Rock, que en una segunda temporada repite el reto de anudar diferentes elementos y personajes creados por el escritor Stephen King, uno de los autores más queridos por los guionistas y productores del cine y la televisión contemporánea y un referente familiar para Robbins, ya que precisamente el drama Sueños de fuga fue inspirado en uno de sus cuentos.

Me aburre mucho hacer de un ángel bueno o algo parecido”,

“King es un escritor brillante en el mundo del horror, pero también ha sido capaz de moverse sin problemas con historias que están cargadas de mucha humanidad (…) algo que yo experimenté en Sueños…”, agrega con propiedad, recordando ese drama carcelario que estuvo nominado a siete premios Óscar.

Ya lejos de nostalgias o recuerdos, ahora este intérprete de 61 años, activista político y amante del teatro, regresa a un mundo más oscuro y extraño de la mano de Castle Rock, cuya segunda temporada está disponible en la plataforma Starz Play.

La trama gira en torno a Annie Wilkes, una joven inestable mentalmente, y que es una referencia directa al personaje del libro Miseria, en el que se cuenta la historia de una enfermera obsesiva y peligrosa, que antes fue el personaje principal de esa película homónima que le dio el premio Óscar a Kathy Bates en la categoría de mejor actriz en 1991.

Castle Rock

Lizzie Kaplan (izquierda) interpreta a una enfermera desquiciada.

La historia de la serie transcurre en el ambiente denso de una pequeña población estadounidense, adobada con miedos extraños y conflictos familiares y de poder; el mejor ecosistema para el trabajo de Tim Robbins con su papel de Reginald ‘Pop’ Merrill, el patriarca de una familia disfuncional que vive su propio drama, tiene que lidiar con sus demonios internos y la extraña convivencia del mal en las diferentes formas.

“Este es un personaje en un mundo difícil (...). Es un microcosmos en el que ciertas cosas del pasado parecen asomarse y tener una relevancia en los conflictos de los personajes, pero lo triste o lo insólito es que es una situación que aplica a mi país (Estados Unidos), donde los crímenes y los grandes errores están condenados a repetirse. Castle Rock está destinado a repetir todos sus pecados”, recalca Robbins.

Merrill no es un santo, pero es capaz de hacer cosas que escapan de su naturaleza malvada: adopta a dos jóvenes somalíes que están buscando refugio mientras encara un conflicto con un sobrino que parece estar moviéndole la silla de poder que tiene en los bajos mundos.

Para él, la experiencia en la serie ha sido fantástica, no solo por las metáforas sociológicas o las metáforas alrededor de conflictos políticos (que la serie expone de alguna manera al referirse a la manipulación y desmedida ansia de poder o el racismo), sino porque la propuesta cumple con una exigencia del actor.

“Disfruté Castle Rock (...). Cada vez que leo un guion o reviso un proyecto espero que me sorprenda. Realmente cuando leí el de esta serie me llamó la atención la manera en que se describía un mundo loco y salvaje. Me fascinó cómo cada episodio ofrecía sorpresas y giros inesperados”, recuerda.

Asimismo, Robbins adoró el trabajo de su compañera Lizzie Kaplan, alrededor de quien gira casi todo el conflicto de la producción. “Es una actriz impresionante y fue un gusto acompañarla en esta aventura”, agregó.

La historia de la serie transcurre en el ambiente denso de una pequeña población estadounidense, adobada con miedos extraños y conflictos familiares y de poder;

Uno de los aspectos más interesantes de la nueva temporada de Castle Rock es que ha logrado opacar cierto mal sabor de boca que dejó la primera temporada, ya que arrancó con una potencia inusitada al arriesgarse a tejer su propia historia tomando elementos de otras. La fórmula funcionó, pero el desenlace de la primera etapa fue un poco forzado y afanoso.

Sin embargo, el segundo ciclo asume de manera más sólida las pesadillas y el desquicio de sus protagonistas y confiere un final que, en palabras del propio Robbins, “es más impresionante y sobrecogedor”.

Para él, la primera temporada de Castle Rock fue realmente buena, aunque pudo tener unos detalles que debieron afinarse.

“De hecho, siento que se hicieron algunos cambios en esta segunda temporada. Es algo como lo que pasa en la música, puedes evolucionar conforme vas pasando de un disco a otro y sientes un progreso. Para mí es lo que ha pasado ahora. No se trata solo de sentirse bien con el resultado que deja el éxito, porque así matas cualquier historia (...). Tienes que ir más allá y crear algo profundo, algo que siento que tiene nuestra serie”, finaliza Tim Robbins.

ANDRÉS HOYOS VARGAS@AndresHoy1