Cultura

Solidaridad a la carta / El condimentario

Solidaridad a la carta / El condimentario

Abrieron los restaurantes. Su misión es consentir y complacer a los comensales, su razón de ser. Por favor no exijan violar las reglas protocolarias de bioseguridad que ordenan las autoridades y cuyo incumplimiento pone en riesgo la licencia de funcionamiento, aprovechándose de la equivocada sentencia: el cliente siempre tiene la razón.

Este es el momento de retribuir tantos momentos de alegría, con paciencia, empatía y solidaridad por las incomodidades que impone la crisis que estamos viviendo.

Así como para ellos muchas cosas cambiaron, para los clientes también. Toma de datos, medición de temperatura, desinfección de manos, limpieza de zapatos, lectura de la carta por código QR, cubiertos en bolsas son algunas de las nuevas prácticas a las que debemos habituarnos.

Volver se siente diferente, porque es diferente. Como lo dije en mi columna pasada, el restaurante es el lugar de encuentro, de compartir y de vivir experiencias agradables. Para que todo salga a pedir de boca, hoy comparto algunas recomendaciones que me han servido para disfrutar mejor el momento.

Vamos por partes:

1. Agende: el aforo permitido es del 25 %, es decir que ya no hay la capacidad de antes. Por esta razón, para no perder el viaje y evitar congestiones al ingreso, lo ideal es reservar con anticipación. Pero ojo, si por alguna razón no puede asistir, avise con tiempo para que deje el chance a otros clientes de usar la mesa y así no dejar colgado de la brocha al restaurante, que hoy tiene tan reducido el número de clientes por turno.

2. Quítese los guantes: para los meseros y empleados del lugar también es nueva la forma de atender. Ahora tienen que estar siempre con tapabocas y en algunos casos caretas durante el servicio, sin importar el calor y el agite. Sabemos lo incómodo que es después de cierto tiempo ya que apenas nos estamos acostumbrando. Lo ideal es llegar con buena actitud, con tranquilidad y paciencia para disfrutar de un momento feliz. Seguro todo fluirá mejor que si se dedica a regañar o a insultar a la persona que lo está atendiendo.

3. Tapabocas: por supuesto que para comer y beber hay que quitárselo. Si por alguna razón debe pararse de la mesa, la recomendación es volver a usarlo mientras se desplaza dentro del lugar. Se cuida y protege a los demás. He visto meseros estresados que no saben cómo decirle al cliente que se levanta para ir al baño que se lo ponga, ya que muchos han salido reprendidos por algún intolerante comensal. No se vuelva el cliente indeseable.

4. Menos es más: si llega en un grupo grande, no insista ni se ponga a pelear, es una lucha perdida. Lo autorizado es máximo 6 personas por mesa. ¿Para qué poner en aprietos al restaurante por un capricho?

5. Gozar: con harto cariño le digo que, si aún le produce estrés salir a un restaurante, que es muy válido, y solo irá a poner pereque, la buena noticia es que los domicilios siguen firmes y hay muchos de gran calidad. Sin duda en la intimidad de su hogar no le hará pasar mala leche a nadie y la comida le sabrá mejor.

Buen provecho.

MARGARITA BERNAL