Cultura

Los crímenes reales detrás de la serie 'Dirty John'

Los crímenes reales detrás de la serie 'Dirty John'

“El divorcio es lo más cerca que está una persona común de lo que es una guerra”, dice Betty Broderick con el maquillaje corrido de tanto llorar mientras es interrogada por un oficial de la policía. Luego llega el suspenso. Se sabe que alguien murió o lo asesinaron, pero ¿quién?, ¿por qué? y ¿qué tiene que ver el divorcio?

Al entrelazar historias del pasado con relatos posteriores al crimen se logra armar una de las historias que más han impactado a Estados Unidos, tanto por el desarrollo de los hechos como por los personajes que los protagonizan y, por supuesto, el trágico desenlace que tuvieron.

La segunda temporada de la serie de Netflix Dirty John, al igual que la primera, retrata una historia basada en hechos reales que atraparon la atención de los estadounidenses durante años. Historias en las que el ‘amor tóxico’, las pasiones, las manipulaciones, los dolores y las emociones más extremas llevan a repensar el tipo de relaciones que se pueden llevar y las consecuencias que a veces estas conllevan. 

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Estafador, psicópata...

Armado con los textos y los pódcast del periodista Christopher Goffard, del periódico 'Los Angeles Times', la historia muestra su investigación sobre la vida y obra de este enemigo público de las mujeres que ostentaba un perfil siempre amoroso, sonriente y acompañado por alguna de sus hijas en todas las páginas de citas en internet.

“Chacal, peligroso, traicionero, mentiroso patológico, artero, parásito infeccioso”... Con todos estos adjetivos definen a John Meehan —nacido en 1959 en San José, una de las ciudades más importantes del estado de California, en Estados Unidos—. Así lo recuerdan detectives, policías, psicólogos, psiquiatras y diferentes analistas de comportamiento criminal, según publicó un artículo de 'La Nación'.

La historia de Netflix se centra en el último caso, pero se sabe que Meehan tuvo antes varias relaciones en las que incluso llegó a amenazar de muerte a varias de sus parejas. Después de salir de la cárcel, por la que pasó varias veces a causa de su adicción y comercialización de narcóticos, llega a Newport Beach, donde conoce a Debra Lowell. 

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Chacal, peligroso, traicionero, mentiroso patológico, artero, parásito infeccioso.

“Fue una maravilla, una sensación increíble. Su perfil tenía todo lo que se desea de un hombre: soltero, doctor, atractivo, se mostraba con hijos en fotos”, cuenta Debra, una millonaria diseñadora de interiores, rubia y bella, la presa soñada para el ‘Sucio’.

Cuando salen, él le dice que ella es su alma gemela y empieza a desplegar su operativo para la conquista, luego de observar su estatus y su necesidad de ser amada. Pero se topa con dos problemas insalvables: las hijas de ella, Jacquelyn y Terra, que desconfían de todas las actitudes de Meehan. En dos meses de relación, Lowell renta una casa soñada en Balboa, en la playa, y comienzan a vivir juntos. Al tiempo, sus hijas se van porque descubren sus mentiras y no lo soportan.

Hasta que él le propone casarse, y ella comete el error de hacerlo en secreto en Las Vegas. “Sabía que estaba mal, pero igual accedí”, relata Debra, que trata de evitar de esta forma que ese falso amor se le escurra.

Sobre Meehan pesaban órdenes de restricción de distintas mujeres. Los investigadores lo definen como un camaleón porque creaba la imagen que la víctima requería.

La historia empieza a retorcerse cada vez más, hasta que llega a los límites menos imaginados...

El caso Broderick

Betty Broderick leía sobre feminismo, estaba cursando una carrera y tenía grandes sueños hasta que un día conoce a Dan, un joven inteligente, atractivo y soñador. Pasa el tiempo, y los sueños de Dan se convierten en los de la pareja. Grave error.

Durante los ocho episodios de la segunda temporada se cuenta la historia completa de la relación, desde que en los 70 ella fue sustento económico y anímico de la relación, y se encargó de la crianza de sus hijos y de las tareas de la casa, mientras él se dedicaba a estudiar medicina y derecho para construir una vida profesional para el futuro.

Sacrificios que Betty haría pensando que en un punto tendrían todo lo soñado.

Sin embargo, una vez alcanzan la que creían era la meta final, Betty se da cuenta de que dio su vida por Dan, mientras que él vivió para sí mismo. Él conoce a otra mujer y empieza a usar sus artimañas de abogacía para alejar a su esposa de toda la vida tanto de él como de sus cuatro hijos. Ella, desolada, sin nada construido, empieza a caer en constantes crisis nerviosas que desembocan en lo peor.

“Se llevó mi casa, mis hijos, mi dinero”, dijo Betty a 'The New York Times' en el otoño de 1991. Ya son 31 años desde que los hechos ocurrieron, y aún hoy se sigue hablando de ese caso que dividió a Estados Unidos.

REDACCIÓN DOMINGO* Con información de ‘La Nación’