Cultura

La 'Verdad oculta' / El otro lado

La 'Verdad oculta' / El otro lado

Hay alegría porque hay un estreno en la ficción nacional: 'Verdad oculta', de RCN. Más de lo mismo, pero distinto: le mete lavado religioso e intenta salvar a la policía.

¿Qué tiene 'Verdad oculta' de lo de siempre? Narco feo y esta vez mal actuado, obedientes perros del jefe que producen violencia para mantener el orden, tortura, alcohol, drogas, sexis chicas y un sistema corrupto y criminal.

'Verdad oculta' es otra serie de narcolombia. Parece algo que ya hemos visto. ¿Mal? No. La televisión es la estética de la repetición, y cada historia tiene su variación.

Netflix está llena de series igualitas: asesinos psicópatas y tramas policíacas en las que los individuos están enfermos, y el sistema está bien. Y nos parece ok.

Y es que, si nuestra violencia a la colombiana tiene tantas caras, podremos seguir contándola por siempre jamás para ver si, al fin, nos damos cuenta de por qué no matarnos y hacer catarsis de este dolor que nos agobia.

¿Qué tiene de novedad? El meter el tema de la religión como lavado de activos; el conectar con México, que ahora es el campeón narco y nos puso de peones, el intentar hacer thriller a lo gringo con melodrama a la colombiche, y que está basada en hechos reales narrados por el periodista Germán Castro Caycedo ('Una verdad oscura', 2017).

La historia real cuenta la captura de mil seiscientos y el dar de baja a un centenar de sujetos del ‘clan del Golfo de Urabá’. La publicidad la describe como “historias basadas en el espionaje policial moderno a partir de señales satelitales, sensores electrónicos, tecnología de últimas generaciones, pero ante todo de la inventiva y la imaginación del hombre colombiano”.

Me gusta ese guiño que dice que “ante todo, la inventiva y la imaginación” policial, algo muy colombiche.

En lo visual y narrativo muestra un buen tono y ritmo; mientras se mueve la historia de acción, hay relajamiento por el lado del amor. Una serie que demuestra que sabemos hacer historias de acción en las que no se enfatiza en la bala y el sexo, sino en los diálogos y procesos.

De lo mejor, Rodrigo Candamil con un personaje ambiguo, juguetón, con tumbao y humor, alejándose de ese héroe solemne que propone la policía. Viene bien Verónica Orozco en su papel de mujer aguerrida, consciente, comprometida en su profesión, pero derretida en sus afectos.

Me encantan los dos personajes afros (el evangélico y la policía que hace Brenda Hanst), porque reconocen a esta cultura y muestran a dos talentosos actores; también se le cree a Lina Castrillón en el papel de la ‘Piraña’.

En lo perverso de actuación están los malos: Andrés Castañeda y Juan Pablo Barragán, ya que convierten sus personajes en caricatura: gestualidad bruta.

Lo mejor de 'Verdad oculta', como todas las series de narcolombia, es que nos muestra que es el sistema el que está mal, nosotros somos solo sus títeres. Hay otra moral, y eso se agradece, y se ve.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
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