Cultura

La historia de un buen ladrón a la francesa

La historia de un buen ladrón a la francesa

Luego de presentarse en las selecciones oficiales del Festival de Cine Francés en Portugal, Gran Bretaña, Argentina y Serbia, y de haber sido vendida a 40 países, se acaba de estrenar en Colombia ‘El emperador de París’, basada en la figura histórica del detective Eugène-François Vidocq. El personaje tiene una historia muy particular que trasciende el ámbito universal, al estilo de las obras clásicas de Victor Hugo, Poe y Balzac.

Vidocq fue primero uno de los delincuentes más buscados de Francia, y más tarde ingresó a la Policía hasta terminar creando y dirigiendo la oficina de Seguridad Nacional.

‘El emperador de París’ mantiene un aire fantástico y su ambientación es fiel al imperio napoleónico. Dos actores de su elenco, Emile Ghigo y Pierre-Yves Gayraud, fueron nominados respectivamente a los Premios César a mejor decorado y mejor vestuario, por este trabajo. La cinta es dirigida por el guionista y productor cinematográfico parisino Jean-François Richet (1966), es protagonizada por Vincent Cassel y Olga Kurylenko, y cuenta con la participación especial de Fabrice Luchini.

tuvo acceso a una conversación con Vincent Cassel, quien habla de sus impresiones sobre el rodaje y esta particular historia.

¿Cuál fue su primera sensación al leer el libreto?

¡Lo obvio! Los productores pensaron en la pareja que formamos con Jean-François Richet y nos lo transmitieron simultáneamente. Jean-François y yo teníamos un proyecto sobre la vida de Lafayette, contemporáneo de Vidocq. Ya estábamos sumergidos en la época. Solo tuvimos que cambiar los proyectos.

¿Qué lo motivó a ingresar en esta aventura?

El punto de vista, la narración y el personaje. Al igual que en ‘Mesrine’, encontramos aquí una figura a la vez muy francesa y ambigua. Vidocq puede ser visto como un héroe popular y un rebelde. Es un personaje problemático que no encuentra su lugar en la sociedad. Frecuenta la calle, el hampa, la policía, el poder... sin pertenecer a ninguno de estos universos. Al convertirse en policía, es rechazado por la burguesía debido a su pasado de convicto, y la mafia lo considera un soplón. Vidocq sostiene una lucha perpetua con su propia identidad. Es exactamente el tipo de papel que me atrae.

¿Cómo componer un personaje que lleva en él dos mundos antagónicos: el convicto y el justiciero?

En la vaguedad artística que lo rodea, imaginando los casos de conciencia por los que atraviesa cuando se enfrenta a elecciones. Estos héroes tambaleantes son los más emocionantes de interpretar.

¿Qué puntos de vista compartió con el director Jean-François Richet sobre la personalidad de Vidocq?

Jean-François lo veía como alguien muy popular. Es verdad. Lo es. Yo estuve de acuerdo, pero me parecía importante encontrar un punto medio, porque Vidocq es todo, menos un patán. Lee, escribe, escribió sus propias memorias. Es un tipo que puede adaptarse a todos los entornos si lo desea. Es muy hábil y refinado.

En cuanto a los trajes, ¿qué se quiso enfatizar en su aspecto, en su estilo?

No quisimos traicionar la época, especialmente porque Jean-François es un apasionado de la historia y puntualiza en los detalles. Por ejemplo, se prohibieron los colores que no existían o que podrían generar malentendidos. Pero aunque estuvimos sujetos a estas exigencias, elegimos para mi personaje vestuarios que permitieran moverme. Vidocq es un hombre del campo. Además, aunque no es una película de acción, hay escenas de combate físico.

¿Cómo lo preparó?

Fue necesario encontrar un nuevo estilo, no identificable; inventar una nueva gramática, con movimientos, no necesariamente bellos en el sentido gráfico del término, pero al menos interesantes. Hay demasiadas películas con protagonistas luchando, así que era imperativo actualizar el género. Mientras realizaba una investigación, descubrí el Systema, un arte marcial ruso cuya particularidad es ser poco demostrativo, pero sí eficaz, y especialmente... nunca visto en el cine. Por lo demás, aprender nuevos movimientos es más emocionante que complicado. Solo tienes que hacer que funcione el día D en el set del rodaje.

Es un personaje problemático que no encuentra su lugar en la sociedad. Frecuenta la calle, el hampa, la policía, el poder... sin pertenecer a ninguno de estos universos

Hablando del rodaje, dice que el primer día pone una piedra que usa como base para la construcción de tu interpretación…

¡Sí! Siempre estoy muy atento a los primeros momentos porque son mucho más determinantes de lo que uno cree. Nunca sabes realmente cómo vas a actuar. Nos enfrentamos con otros actores, con un director que puede inspirarse de una manera, en lugar de otra. Dependiendo de estos elementos, la escena toma un color. Es así, pequeños toques en pequeñas teclas son los que determinan una película. De hecho, me sorprenderé al verla. Durante los tres meses de filmación probamos muchas cosas. El giro que toma una vez que todo está configurado no lo sabemos. El actor no controla mucho. Por eso me gusta más ver la película terminada, preferiblemente en una sala, con espectadores que me contagien sus emociones. De lo contrario, sigo demasiado atento a los detalles del rodaje, mientras que finalmente la filmación ¡a nadie le importa!

¿Podemos decir que la actuación se te escapa...?

En parte. Soy el primer espectador de lo que sucede al actuar. Yo descubro. En el set fue donde me di cuenta de que Vidocq sufre, nunca se siente en su lugar, vive con la sensación de estar solo contra todos. También me di cuenta de que son sus elecciones las que lo convierten en una especie de lobo solitario, lo hacen frágil y, por lo tanto, cautivador.

¿Cómo sigue siendo Vidocq un héroe moderno?

Él es brillante. Su historia es fascinante. Su recorrido es increíble. Lucha contra sí mismo, escapa de su entorno, emprende cosas extraordinarias para cambiar su destino. Les habla a todos, a todas las generaciones, así Vidocq no sea de nuestro tiempo.

¿Hay algún tipo de placer infantil para encarnar a un justiciero?

Jugar a policías y ladrones, lo hice. No lo veo de la misma manera. Las escenas de combate están aquí. Nos esforzamos para que funcionaran. Hoy mi placer está en otra parte. Más que perseguir a los chicos para atraparlos, lo que me emociona es tratar de entender mi personaje, explorarlo. Sin caer en el cliché del actor tenebroso, es el aspecto dramático del personaje lo que despierta mi interés.

* Entrevista cedida por Cine Colombia

REDACCIÓN DOMINGO