Cultura

La agonía de Tonalá por culpa del coronavirus

La agonía de Tonalá por culpa del coronavirus

Tonalá es de las pocas salas de cine en Bogotá que más ha consentido la producción colombiana independiente: las grandes cadenas comerciales mantienen entre una y cuatro semanas un título nacional en cartelera, mientras en este sitio, ubicado en el barrio La Merced, una película puede durar hasta año y medio, como ocurrió con Las tetas de mi madre, de Carlos Zapata; el documental Todo comenzó por el fin, de Luis Ospina, y la multipremiada El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra.

En 2019, fundadores y visitantes de Tonalá celebraron la independencia: un lustro dedicado a exhibir esas obras que pocos quieren mostrar, a organizar eventos musicales y académicos, y a preparar los platos más icónicos y deliciosos de la gastronomía mexicana.

Todo está a punto de acabarse. El cierre obligado de las salas de cine para evitar la propagación del nuevo coronavirus en el país, ha dejado a Tonalá herida de muerte.
“No tenemos un colchón financiero como el de los exhibidores grandes –explica Jaime Manrique, uno de los fundadores–. Estamos en crisis por los costos fijos de manutención del lugar y el salario de los empleados. Tampoco hemos podido renegociar el alquiler de la casa”.

El sueño de inaugurar un sitio multicultural en Colombia fue importado de Ciudad de México, donde funciona uno similar desde el 2012. Distribuidos en la enorme casa del centro de Bogotá hay un restaurante, un bar, dos salas de cine, un teatro y un espacio para exposiciones.

Veinticinco personas perderían su trabajo ante el inminente cierre de Tonalá. En un intento por salvarlo, Manrique y sus socios les pidieron a los visitantes y amigos del proyecto, alternativas para poder seguir funcionando. Por correo llegaron unas 1.500 ideas, de las cuales se han implementado tres: alquiler y venta digital de películas (en Mowies.com), combos de comida mexicana para vender a domicilio (a través de Rappi) y una recolección de fondos en la página Vaki.com

Las iniciativas dieron resultado positivo al principio del aislamiento, ya no tanto durante las últimas semanas.  “Estamos viviendo el día a día: cuánto vendimos en películas, cuántos domicilios hicimos. Tomamos decisiones a diario. Lo único claro es que si las cosas se extienden por mucho tiempo, no creo que podamos aguantar”, explica el cineasta Salomón Simhon, otro de los socios fundadores, gestor y director de Tonalá.

En el país, cientos de salas pequeñas y alternativas se encuentran afrontando la misma situación crítica generada por la pandemia. El Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FCD) generó un estímulo por convocatoria de 300 millones de pesos para intentar paliar sus crisis.

“Por ahora es lo único concreto que tenemos. Estamos luchando, resistiendo, rogando que el gobierno se manifieste con el sector cultural, que es el último de la fila. Así sea que nos ayude con los servicios o el pago del arriendo, eso ya sería bastante. Sabemos que el gobierno tiene problemas más grandes, pero una ayuda mínima sería maravillosa, y hasta el momento no la hemos visto”, dice Simhon.

Con una retrospectiva de películas inolvidables de la década de 1990 ya comprada, sin poder proyectar y por la que pagaron una importante cantidad de dinero que no pudieron recuperar, los socios de Tonalá se plantean una operación complicada cuando se permita la reapertura: “Aún, si podemos abrir, las cuentas no nos dan. El cine es el ingreso principal y las salas, que ya son pequeñas, tendrían un aforo menor, del 40 por ciento”, calcula el director.

“Es muy triste pensar en el cierre de Tonalá, pero no sabemos si vamos a resistir. Sin el apoyo de la gente, no lo vamos a lograr”, agrega Manrique.

SOFÍA GÓMEZ G.
Cultura y Entretenimiento @s0f1c1ta