Cultura

Billie Eilish, la estrella pop de la generación Z

Billie Eilish, la estrella pop de la generación Z

En una época en la que prácticamente todo está hecho, visto y escuchado, son pocos los artistas que se atreven a romper con lo establecido, y en una industria tan esquemática y predecible como la de la música, Billie Eilish es una de las pocas que lo ha logrado. Y solo tiene 17 años. El consenso entre los entendidos es unánime: la estadounidense se ha convertido en la revelación del año con su primer álbum de estudio, ‘When We All Fall Asleep, Where Do We Go?’, el cual presentó a finales de marzo de este año.

Su actuación fue una de las más esperadas del último Festival de Coachella, donde, año tras año, se reúne lo más nutrido de la escena musical internacional. Un debut que no dejó a nadie indiferente: en medio del escenario, vestida de blanco impecable de pies a cabeza, se le olvidó parte de la letra de uno de sus himnos, ‘All the Good Girls Go to Hell’. Pero, siendo sinceros, ¿a quién le importa? Lo que en las grandes ligas es un percance imperdonable, a ella, este pequeño lapsus le reportó más fama, si cabe. Al fin y al cabo, es solo una adolescente...

A Eilish la catalogan de pop, pero no es pop. “Entrar a etiquetarla es difícil”, reconoce Sebastián Narváez, periodista musical colombiano. Es oscura, depresiva y nostálgica, pero no suena como Lana del Rey; desaliñada y melancólica, pero no es Lorde; retro, ‘indie’ y experimental como Florence Welch de Florence and The Machine, pero tampoco se le parece.

La influencia de estas tres mujeres en la propuesta de la joven californiana es innegable, pero ni siquiera sus tres antecesoras le hacen sombra. La realidad es que “nadie suena como ella”, concluye Tara Joshi, crítica musical de ‘The Guardian’.

Ella es la nueva musa de la generación Z, nativos digitales nacidos entre 1994 y finales de la década de los 2000, que esperaban a su ‘mesías’, como lo fue Kurt Cobain para la generación X, salvando las distancias.

Para entender el fenómeno Eilish, hay que remontarse a 2015. Alentada por su profesora de baile, compuso e interpretó la canción ‘Ocean Eyes’, producida por su hermano Finneas O’Connell, para ambientar una coreografía. Una vez terminada, la subieron a SoundCloud y el tema se convirtió en viral de la noche a la mañana. Entonces, apareció Danny Ruckasin, quien se convirtió en su mánager, firmó contrato con la famosa disquera Interscope Records y el resto es historia.

Cuatro años después, ‘Ocean Eyes’ suma más de 112 millones de reproducciones en YouTube; en Instagram, el nuevo medidor de popularidad, la californiana tiene cerca de 22 millones de seguidores; Calvin Klein le acaba de fichar para poner sonido a su última campaña publicitaria y ser una de las caras que la protagonizan, y la revista Forbes la incluyó, el año pasado, en su lista de los 30 jóvenes más exitosos menores de 30 años.

‘When We All Fall Asleep, Where Do We Go?’ logró el número uno en la lista Billboard 200, a los pocos días de su lanzamiento, convirtiendo a Eilish en la primera artista nacida en el siglo XXI en lograr esta marca. El single ‘Bad Guy’ tiene más de 44 millones de reproducciones en Spotify, y en YouTube, supera los 153 millones.

Rompiendo paradigmas

Billie Eilish es todo lo contrario a una estrella del pop convencional. Para empezar, escribe y compone la mayoría de sus canciones que, posteriormente, produce su hermano. Todo queda en casa, algo que no sucede con la mayoría de artistas de este género comercial, que cuentan con un séquito de escritores, músicos y productos que les hacen el trabajo tras bambalinas.

Sus letras hablan sin edulcorantes de las turbulencias emocionales, pesimismo existencial y angustias típicas de una adolescente que, además, le habla a un público, también adolescente, que, como ella, ha crecido al calor de las redes sociales e Internet.

“Sus letras no son las típicas que esperarías de una estrella del género. Sus canciones son super oscuras y tienen mucha producción detrás; se mete en una onda de sintetizadores abstractos y paisajes sombríos. Condensa todo el sentimiento melancólico de esta generación”, explica Narváez.

En la búsqueda incansable de algo genuino, la propuesta de Eilish es un pop ligero que bebe de la electrónica, el hip hop, algunas dosis de trap y el R&B para desembocar en un universo inédito.

Visualmente, Eilish también rompe con todos los moldes de lo que se le presupone a una diva del pop: viste ropa deportiva, holgada y extravagante, que no deja ver mucha piel. Le fascinan los estampados, las zapatillas de deporte y apenas usa maquillaje. Su pelo liso y tintado cambia de color con cada aparición, del azul eléctrico al verde desgastado, pasando por el rubio platino, casi blanco, al negro azabache que hoy la caracteriza.

Otra de las cualidades que la distinguen es la cercanía que mantiene con sus ‘fans’ y su capacidad para comunicarse con ellos a través de todas sus redes sociales. Como buena hija de Internet, la joven ha hecho de este canal su principal herramienta para interactuar con el mundo real que la adora.

“¿Es Billie Eilish el futuro del pop?”, se pregunta el crítico musical de ‘The New York Times’ Jon Caramanica, en uno de sus pódcast semanales. Al finalizar la grabación, él y sus invitados coinciden: la respuesta es un ‘sí’, rotundo.

JULIA ALEGRE BARRIENTOS
Redacción Domingo